Aiden, apodado el hechicero, entró a mis aposentos. Quería agradecerle en verdad su caballerosidad al traerme sana y salva hasta el «Corsario Negro». Pero también quería interrogarle. ¿Cómo supo cuál era mi barco? ¿Acaso era un espía del Comandante Santander?...
—Mi señora.
Había algo que embrujaba en ese hombre. Y cuando se quitó la capucha y pude apreciar su rostro todo cobró sentido para mí.
—¡Papá! ¿Eres tú?... ¿Qué diablos haces aquí?...
—Noto que te has alegrado mucho de verme Marie. Sobre todo, luego de tanto tiempo.
—¡No estaba segura siquiera si seguías con vida!...
—¡Yo tampoco!...
Salté de la cama y me abalancé sobre él. Lo abracé con plena confianza, a pesar de que olía a los mil demonios...
—¡Es muy bueno volver a verte papá!
—¡Yo también estoy muy feliz Marie! El destino nos permitió volvernos a encontrar. ¡Estás completamente irreconocible! ¡Tu piel, tus cabellos! ¡Mírate! ¡Muy pocas veces llegué a verte con faldas tan elegantes o un vestido, así como ese! ¿Puedes decirme en dónde has estado?... ¿Tu propio marido no te reconocería?... Por cierto, Henry ¿viaja contigo? ¿Está abordo?...
—Henry murió, papá.
Lo miré a los ojos con vehemencia. Me enardecía recordar la manera tan cruel que lo había perdido, y estaba consciente que mi padre no estaba informado de nada y se merecía que le explicase.
—En verdad lo siento mucho, hija. La última vez que los vi juntos fue en tu boda; luego supe que él había recibido la orden de partir hacia el famoso nuevo mundo. Yo me fui de Inglaterra temporalmente, y ahí perdí el contacto con ustedes. Porque cuando regresé a visitarte me enteré por tu criada que te habías ido tras tu marido como polizonte. ¿Es eso cierto Marie?...
—Sí, es cierto. Así pasó papá. Henry había aceptado enseñarme, al igual que lo hiciste tú, todo lo que los hombres aprenden para servir en el ejército. En secreto, sin que los vecinos supiesen. ¡Me sentía llena de ganas de aventurarme a conocer el nuevo mundo! ¡Y sabes lo enamorada que estaba de él! ¡Estaríamos separados tanto tiempo! Así que logré colarme en el barco que le habían asignado y esconderme hasta que ya estuvieran lo suficientemente lejos de Inglaterra para no pretender devolverse.
—¿Y cómo lo tomó?...
—Su sorpresa y asombro dio paso a una mortificación mayor: la reacción de su tripulación. Aquellos marineros no eran honorables, para nada, eran en su mayoría mercenarios, oportunistas y gente de muy mala reputación. Hombres sin escrúpulos, de mala calaña y muy supersticiosos. Cosa que yo no sabía al decidir seguir a Henry en secreto.
—Y con poco respeto hacia la señora del Capitán... —Completó mi padre con suspicacia. Luego añadió:
—Para algunos tontos marineros, llevar a bordo una mujer es de mala suerte, pero también la mayor de las tentaciones si se trata de una pelirroja joven y deseable como tú en una travesía tan larga. Hubo un motín, ¿cierto?...
—Un motín espantoso papá. Henry buscó sofocarlo con el apoyo de unos pocos soldados leales, pero no lo logró. Murió en el intento. Lo que sí consiguió fue contenerlo el suficiente tiempo como para estar muy cerca de nuestro destino en el Caribe. Y eso que me exigió vestirme de uniforme, y que recogiese mi cabello y no me mostrase sino como un marinero más.
—¿Y qué pasó después, hija?...
—Una masacre brutal. Aquella noche supe que el dolor de perderlo de esa manera me hizo ser la persona más despiadada y cruel que jamás creí ser capaz. Los maté a todos, porque hasta los que me suplicaron clemencia, fueron lanzados atados de pies y manos por la borda. Me transformé en pirata papá. Desde ese día cruel y sangriento me apodan La Viuda Roja.
—La viuda roja... Una sirena de los mares, y una mujer muy rica ¿cierto?...
—¿Quién te ha contado?... ¿Cómo te enteraste?...
— Afuera no caben de la emoción. Tu tripulación te honra y te respeta. Me di cuenta mientras dormías y aguardaba en cubierta. Estaban realmente muy felices.
—¿Sabes que ese dinero se lo robé a los españoles y que pusieron precio por mi cabeza?...
—No, realmente no lo sabía. Pero me enorgullece saberlo.
—¿En serio, papá?... Tú me enseñaste a ser una persona respetable y con principios, no una vulgar pirata.
—El destino te volvió una pirata y lo lograste. Nada vulgar, por cierto. ¡Además eres capitana! He venido a explicarte en qué te vas a convertir a partir de hoy. Pero antes, ¿es posible que podamos comer algo? ¡Muero de hambre!...
—¡Claro! ¡Vamos! ¡Salgamos de aquí!
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Valkirias y Sirenas
Short StoryUna aventura épica que entrelaza piratas con vikingos.