Capítulo VI

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A la mañana siguiente, mientras desayunábamos plácidamente, llegó Francisco, un emisario con noticias de la isla de la Tortuga. Era mitad español, mitad guaiquerí. Seguía llamando a la isla «Paraguachoa», en vez de Margarita. Nancy le tenía gran aprecio. En especial por ayudarme a curar mis heridas. Los frailes jesuitas le habían enseñado medicina básica y fundamentalmente a ser un buen cristiano.

—Mi señora, le tengo malas noticias.

—Anda hombre, habla ya.

—Pude hacer un recorrido por toda la isla, espiando y comprobando si quedaba algún sobreviviente de su tripulación. Y sí; un pequeño grupo logró sobrevivir al ataque. Los tuvieron encarcelados. Pero pocas semanas después, cuando apenas se podían mantener en pie, por órdenes expresas del virreinato, fueron juzgados y sentenciados públicamente a la orca por prácticas ilícitas de piratería, robo a la propiedad real y asesinato. Dejaron sus cuerpos colgados en señal de advertencia.

—¿Quién ordenó la ejecución? ¿Sabes su nombre?...

—Fue el comandante José María Santander.

—¿Sabes algo más sobre este hombre?...

—Sí. —Francisco sacó de su mochila tejida un trozo de papel enrollado, parecido a un mapa, desplegándolo sobre la mesa.

—Santander ha subido el precio por su captura, señora.

Un dibujo de mi rostro acompañado de mi nombre y apodo, destacaba en el centro del cartel amarillento. Debajo finalizaba la cifra: «500 piezas de plata».

—Un precio justo. —comenté con ironía.

—¿Te fue posible realizar el otro encargo?...

—Sí, señora. Me fue difícil al principio, pero logré contactarlos en su nombre y dejarles su mensaje.

—¿Seguro, Francisco?... —Me paré de un salto e impulsivamente lo abracé.

—¡Gracias, gracias! —le dije. A pesar de su tez oscura, pude notar que estaba sonrojado.

—Ahora debemos aguardar. —Nancy parecía poco convencida. —Sí. ¡Pronto vendrá apoyo de la Cofradía de los Hermanos de la Costa!

—¿Los Hermanos de la Costa?...

—Sí. Los piratas comprendimos que debíamos estar unidos, para poder enfrentar a cualquier adversario. Y tengo como pagarle a cada hombre que me acompañe en esta aventura. ¡Vamos a recuperar mi tesoro! ¡Ha llegado la hora!

Valkirias y SirenasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora