Capítulo 7

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La cena había transcurrido sin problemas. Fue divertida y hablaron lo suficiente como para cansarse y salir del restaurante cuando cerró. El tiempo les pasó en un abrir y cerrar de ojos. Estaban tan metidos en lo que estaban conversando, que la hora fue tan corta que no querían que terminara. Sabían que era probable que al llegar a la habitación todo cambiara. 

El mafioso perdió la noción por un segundo mientras iban subiendo en el ascensor. Miró su celular y respondió el mensaje que le había sido dejado temprano.

*Que el hombre vea como se queman todos. Que nadie salga y parezca una fuga de gas. No quiero errores.*

—¿Kylian? —la voz de Nicole, lo saca de su mundo.

—Lo siento, ¿estabas diciendo algo? —ella alzó una ceja—. Estaba recibiendo información de unos animales rebeldes en uno de mis refugios.

—¿Todo bien? —él asintió—. Vale, es que Zeus y tú vienen de verde. ¿Qué si te gusta ese color?

—El verde nos define a nosotros —era el color de la mafia irlandesa—. Zeus destaca más y se siente más elegante.

—Estaban guapos —él la ve con diversión—. Tengo ojos.

—Unos muy bonitos, por cierto —salieron del ascensor y abrió la puerta de la Suite en donde se quedarían esa noche—. Patricio revisó todo. Puedes estar tranquila y tienes ropa en tu habitación.

—¿Debía estar preocupada? —se cruzó de brazos—. ¿En dónde voy a dormir?

—Esta es mía y la del medio es de Zeus —abrió la puerta, su perro entró y fue directo para la cama—. Dormirás en la que está al final. Es más cómoda para ti.

Ella vió como Kylian le quitaba el corbatín a Zeus y de una mesita de noche, sacaba unas toallitas húmedas para limpiarle las patas. Nicole sonrió. Era difícil imaginar que un hombre como el que tenía frente a sus narices, fuera tan abnegado.

—¿Por qué vas en la primera y yo en la última? —le preguntó.

—Porque no quiero que duermas cerca de la puerta.

—¿Tienes miedo de que vaya a escapar? —lo siguió con la mirada hasta el baño y escuchó la llave del agua abrirse por unos segundos y volverse a cerrar.

—No —dijo rotundamente, saliendo del baño—. Te enseño tú...

—Deberías tenerme miedo, Kylian —salió de la habitación y caminó hacia la de ella, abrió la puerta y antes de cerrarla, lo tenía de frente.

—Yo no le tengo miedo a nada, Nicole.

—Tienes miedo a enamorarte, Kylian. Tienes miedo a sentir. Tienes miedo a querer y ser querido. Tienes tanto miedo, que le pides a una extraña sexo para complacer tus deseos —lo enfrentó, la mirada del mafioso cambió a una completamente fría. 

La piel de Nicole se erizó y Kylian pasó sus manos por los brazos descubiertos de la pelirroja.

—No acepto que me estudien, Nicole. Ni siquiera tú —dijo con un toque de amenaza.

—No sirves para que te digan las verdades porque tienes miedo —cuando se iba a alejar, Kylian la tomó de su brazo y la pego a la pared, cerrando la puerta de la habitación.

—El miedo es para los cobardes.

—Pero te hace más humano —sus labios se rozaron aumentando la tensión que ya había en ambos.

—Nunca dije que quería parecer uno —la tomó por sus mejillas—, y tú no eres la excepción.

La besó.

Nicole suspiró por la manera tan desesperada en la que se derritió en los labios de Kylian, que le parecía inaudito que lo que le hacía sentir. Un beso apasionado y lleno de fuego. Su lengua invadió su boca mientras las manos de Nicole pasaban por los cabellos del hombre con el mismo desespero que se besaban.

Parecían dos hambrientos recibiendo comida por primera vez. 

Levantó el vestido de Nicole para alzarla y que ella cruzara las piernas por su cintura, cosa que fácilmente ella hizo por instinto. Él quería penetrarla ahí mismo, pero Nicole detuvo el beso para recuperar el aliento y poder hablar.

—Yo... hace... hace más de seis meses que no tengo relaciones... —susurró ronca y avergonzada.

Kylian sonrió y lamió el labio inferior de Nicole, la miró con deseo, demasiado deseo. Sus pensamientos estaban nublados por querer hacerla suya. Una sonrisa lobuna apareció, logrando que ella tuviera una punzada en su zona íntima.

—Seré cuidadoso —la apoyó en la pared, dejando pequeños besos en su rostro—. No te asustes que estarás bien —con cuidado, desabrochó sus pantalones, bajándolos un poco junto a su bóxer.

—Eres el segundo hombre con quien estoy... —Kylian la miró y sintió una ola de arrepentimiento. Si hubiese llegado antes, tal vez ella...—. No sé qué hacer porque nunca hice nada.

La mirada del hombre se suavizó, movió la tanga de Nicole y lentamente, ingresó en ella. La expresión que le dió sería algo que jamás olvidaría. Estaba sorprendida y tuvo un pequeño gesto de incomodidad.

—¿Duele? ¿Estás bien? —Nicole apoyó la frente en el hombro de Kylian, relajándose para que su interior se adaptara a su tamaño. No sabía que tan largo o ancho era, pero la sensación era deliciosa—. Nicole, necesito palabras.

Ella levantó la cabeza y le dió una sonrisa.

—Estoy bien... —murmuró, mientras él empezó a moverse lentamente. Era un vil asesinato para el deseo que sentía el hombre por ella. Pero no quería lastimarla, solo llenarla de placer.

—Voy a moverme un poco más rápido —le avisó, volviéndola a besar y a acelerar las estocadas.  

El aumento fue en cuestión de segundos, logrando que Nicole tuviese el primer orgasmo. Kylian sonrió al verla derretida ante él. Siguió penetrándola, callando sus deliciosos jadeos con sus besos. Él estaba empezando a tensarse, pero no se dejaría ir todavía. Ella era estrecha y gemía como una diosa.

—Kylian... ya no puedo... más... —gemía, en su oído.

—Vente para mí, cariño —la quitó de la pared y la penetró mucho más duro, haciendo que ella arqueara la espalda y tuviese su segundo orgasmo con más fuerza.

Como pudo, llegaron a la cama, Kylian la acostó y le dió unas cuantas estocadas más, cuando sacó su miembro de Nicole y dejó que todo saliera al suelo. Tuvo escalofríos en todo su cuerpo y sintió como se relajó en segundos. Nicole estaba despeinada en la cama y él se acostó a su lado para intentar recuperar el aire junto a ella.

—Nunca lo había hecho con un vestido —admitió la pelirroja, logrando que ambos se rieran.

—Eres una diosa, Nicole —ella se giró a verlo—. Lo digo con sinceridad —él la miró y tocó su mejilla sonrojada—. No sabes lo que haces, pero tienes un gran poder.

—¿Te enamoraste de mí después de tener sexo? —él negó con la cabeza, sin perder la sonrisa.

—Te haré gritar mi nombre, olvidarás quien eres, con quien estuviste antes y quien te hizo suya —no había una pizca de duda en nada de lo que decía, y eso hizo que la parte baja de la chica se mojara nuevamente.

—Estará difícil —intentó sonar convincente, él se acercó y empezó a acariciar las piernas de Nicole hasta llegar a su intimidad.

Sonrió con malicia.

—Qué raro, porque estás perfectamente mojada para mí —la empezó a besar nuevamente mientras la acariciaba y se retorcía en sus brazos—. Maldición, eres jodidamente perfecta.

Los pequeños gemidos de Nicole lo estaban volviendo loco. Quería hacerla suya de mil y un maneras porque se estaba asfixiando.

Nicole no lo sabía, pero no estaba educando a Kylian, estaba creando una obsesión y adicción para él. 

Educando al MafiosoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora