Nicole iba caminando por las calles como si fuera un robot. No había perdido a nadie, pero su vida había cambiado en segundos ese día. Las luces se iban encendiendo a su paso anunciando que el sol se estaba ocultando, para darle la bienvenida a la oscuridad. No podía creer que las personas amables en su casa eran asesinos. Es diferente cuando lees y romantizas todo lo que el mafioso hace, pero vivirlo en carne propia era algo completamente distinto.
Se había acostado con Kylian y no lo iba a negar, fue la experiencia más placentera de su vida. La primera vez fue producto del deseo, pero las demás, fue todo un caballero. La cuidó aunque la hizo volar hacia las estrellas. Kylian se parecía demasiado a Zeus. Su aspecto era rudo y te producía mucho temor con su mirada, pero al final, era como su Ezequiel. Su avestruz odiaba el contacto o el afecto. Huía y siempre estaba a la defensiva, pero había días en las que él mismo buscaba dar y recibir cariño. Kylian era así, pero no veía que tenía momentos en las que se preocupaba y a su propia manera, le demostraba que quería dar y recibir afecto.
—Si tan solo no fuera... —mafioso, dijo eso último en su mente. Pero por más que lo pensaba, eso nunca fue un impedimento para ellos. Solo hoy.
Kylian se había presentado como un hombre de dinero. Un empresario dueño de muchas cosas. Nicole tenía demasiados pensamientos involucrados con sus sentimientos. Le tenía terror a la idea de dar un paso en falso y morir. Ella quería una familia y estaba muy joven para dejar el mundo.
Pero él había prometido no hacerle daño ni ponerla en peligro. No parecía un hombre que no cumpliera su palabra y, según las historias que ya se había leído, los mafiosos eran fieles a sus promesas.
—¿Nicole? —la llamó Iker. Se sorprendió al ver que había llegado al lugar de encuentro—. ¿Estás bien? Tienes los ojos rojos y mala cara.
Ella negó con la cabeza y algo bueno que tenía Iker, es que siempre que se sentía mal le daba ese poco de apoyo que le permitían ofrecerle.
—Estoy hormonal, mi periodo está llegando y tengo unas terribles ganas de llorar —mintió, su menstruación había pasado, pero no podía decirle que el hombre que le gustaba era mafioso y que probablemente, ambos morirían algún día.
—Mañana parecerás una mosca, Rojita —la atrajo hacia él y la abrazó. Iker quería hacerlo, ella siempre le pareció muy pequeñita y necesitaba que alguien la cuidara. A él le hubiese encantado poder estar para ella siempre, cuidarla y amarla como se debía... él lo hacía, pero su madre y tía eran ellas dos solamente y no tenían a más nadie. Iker debía salir adelante con ellas porque se había hecho cargo de la situación de su casa.
Amaba a Nicole, pero dejar sola a su madre... eso no podría. Ahora también se había venido una prima con sus dos hijas a casa. Por más que quisiera estar con ella y armar planes, no podía. Muchas responsabilidades que atender.
—Vamos a nuestro lugar —susurró.
Ambos dejaron de abrazarse y subieron hasta el último piso que se encontraba vacío. Nunca alquilaron esa parte porque era del dueño. Se sentaron en las escaleras y empezaron a hablar de su relación, la vida y los planes que quedaron a media.
—Se te llenó la casa —comentó Nicole, al escucharlo hablar—. Podrías decirle que te ayuden mínimo con la comida. Hacer las compras de la despensa o pagar los servicios.
—Es mi responsabilidad porque soy el hombre de la casa —siempre era la misma respuesta. Ella asintió, pero no dijo más nada—. Quiero que seas feliz, Nicole. Sé qué me comporté como un idiota y por esa razón te perdí. Me demoré años en ver lo que tenía y cuando creí que podíamos estar juntos...
—Nunca íbamos a poder estar juntos, Iker. Tienes las manos demasiado llenas como para incluirme —lo miró—. ¿Esas son mis cosas? —él asintió—. Tíralas a la basura. Yo no traje las tuyas, pero puedes ir a buscarlas en el aeropuerto. Solo quería despedirme. No tuvimos tiempo por el trabajo y espero que podamos seguir siendo compañeros de vuelo.
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Educando al Mafioso
RomansaLibro n°3 de la Saga Sacerdocio Kylian había nacido rodeado de amor y protección por todos a su alrededor. Era un hombre romántico y el más fiel compañero. Un amante leal que te hacía mojar las bragas con solo una mirada. Pero lamentablemente, la v...
