A Kylian le dió igual que tuviese al Sacerdocio en el departamento que Nicole y Selene compartían. Quería sentarse a tomar algo con la chica porque estaba seguro de que ella podría llorar en cualquier momento. Su cara no lo demostraba, pero quien sabe, igual no la conocía lo suficiente y le daba incomodidad de que la gente pudiera verla siendo débil.
—Esto es lo más que puedo ofrecerte porque no sé qué te gusta —le entregó un café helado de vainilla mientras se sentaba, alzó una ceja porque ese era su favorito—. No había galletas ni pastel. ¿Cómo puede gustarte algo tan simple?
—Bueno, son mis gustos y tú me seguiste —dijo obvia, miró hacia los lados y no le gustó en donde estaba sentada—. Me gusta ver hacia la puerta...
—Y yo quiero que estés lejos de ella —respondió sincero—. No es nada personal, quiero decir...
—Es por lo que haces —lo cortó, suspiró y se recostó en la silla. Le gustaba ver a la gente entrando en los lugares, siempre cambiaban las expresiones y era relajante—. Desde que soy azafata me ha tocado convivir con todo tipo de personas. He estado desde turista hasta la primera clase. No todos son amables, pero cuando las personas comen, leen o se meten en otro mundo, las auras cambian.
Kylian la observaba con detalle. Nicole era preciosa. Una chica esbelta que parecía frágil, pero su personalidad era explosiva. Tenía un acento escocés encantador y unas pestañas rojas que se podían volver la obsesión de cualquier persona... pero no él.
—¿Siempre quisiste ser azafata? —ella lo miró, Kylian la había investigado y sabía hasta su tipo de sangre, pero esperaría a que ella misma le dijera las cosas—. ¿Por qué de tantas profesiones decidiste eso?
Ella pareció pensarlo bastante, antes de beber de su café y hablarle.
—Por los uniformes. Siempre me han parecido una belleza. Amo el cielo y las miles de representaciones que hay en el día. Sabía que al ser azafata podía verlo un poco más de cerca. Podía intentar ser piloto, pero me da miedo conducir... ni siquiera lo hago con un auto —se rió, y Kylian también—. Mis padres no podían costear mi profesión, así que soy una modelo bastante conocida en Escocia. El dinero que tuve al inicio lo utilicé para que mis padres tuvieses una pastelería. De esa manera el dinero no se acabaría cuando no estuviese. Dejé de ser modelo y mis padres ahora tienen una posición más libre económicamente.
Kylian asintió y seguía viéndola. El arte de intimidar con la mirada lo tenía, pero al parecer, no funcionaba con la chica.
—¿Por qué Emirates?
—Por el uniforme y créeme, no pensé que me fueran a dar el empleo —se rió al recordar la entrevista—. Ese día llovió, se me corrió el maquillaje y llegué faltando casi un minuto para la entrevista. Tuve que hacer milagro en el baño, pero después de todo eso, me quedé —ella se dió cuenta de la manera en la que la estaba viendo y se sintió extraña. Por un momento había olvidado el temor que le ocasionaba, pero justo en ese instante, volvió—. ¿Y tú?
—¿A qué te refieres? —la miró con interés.
—¿Cómo aceptaste hacer lo que haces y pertenecer a lo que sea que hagas con tus amigos? —el brillo en los ojos de Kylian murió y el ambiente se puso pesado.
La mirada de Nicole fue cambiada a una de miedo, Kylian hizo una mueca de desagrado y parecía molesto. Era la primera vez que hacía algo notorio en su rostro para ella. Algo más qué reír.
—Quería tener poder y control de las cosas. No te voy a mentir y déjame decirte que este no es el lugar adecuado para tener esta conversación, pero no soy alguien bueno, Nicole. En mi trabajo soy letal y completamente perfecto. Me gusta hacer valer mi ley y que no se metan en lo mío —ella abrió mucho los ojos y tragó grueso—. Mi territorio debe estar libre de cosas indeseadas y me encargo de mantenerlo simple y limpio. Si alguien me molesta, la cosa cambia. Lo que hago con los chicos es igual. Tenemos un control y nos dan respeto.
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Educando al Mafioso
RomanceLibro n°3 de la Saga Sacerdocio Kylian había nacido rodeado de amor y protección por todos a su alrededor. Era un hombre romántico y el más fiel compañero. Un amante leal que te hacía mojar las bragas con solo una mirada. Pero lamentablemente, la v...
