Kylian en multimedia.
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*Todo está listo, jefe. Esperamos sus órdenes.*
Kylian leyó el mensaje y sonrió. Sentía orgullo por lo rápido que trabajaba su gente. Tenía las horas contadas para hacer todo lo que debía. Disfrutaría ver arder a gente sin importancia y se encargaría del hombre en su sótano.
—Zeus, vendrás conmigo, pero esta vez debes cuidar a Nicole mientras comemos. Serás mis ojos si yo me descuido —se agachó y le puso un corbatín verde—. Quiero que vea lo buen muchacho que eres.
Zeus abrió su boca para jadear, simulando una sonrisa. Kylian lo abrazó y se sentó a su lado.
—Tú debes oler y cuidar a las mujeres buenas e inocentes. Debes alejar a todas las que quieran herirme —su fiel compañero lo miraba como si entendiera—. Tú tienes mejores vistas que yo. Sálvame de todo lo que yo no veo, Zeus. Las mujeres son un arma letal y yo no quiero volver a morir en manos de una.
Zeus ladró y Kylian sonrió. Sintió como su pequeño cachorrito entendió lo que quiso decirle. Matt entró a la habitación y observó la escena.
—Llévalo a la sala y ponle su canal de caricaturas. Voy a darme un baño y luego voy por Nicole.
—¿Qué hago con el hombre del sótano? —Kylian lo miró obvio—. Vale, esperaré a que termines. El auto estará en unos minutos esperando por ustedes y de ahí para el aeropuerto.
—Bien... —le dió una caricia a Zeus y se levantó del suelo—. Espero que Nicole no escuche nada...
—Probablemente, escuchó la primera dosis de tortura, pero quien sabe. Puedes preguntarle —Matt sonrió con malicia—. Vamos, Zeus. Tu padre se va a quitar el olor a sangre.
Kylian negó con la cabeza y se fue a dar una duchar. En la casa de al lado, se encontraba Nicole. Ella estaba terminando de ponerse un hermoso vestido de seda de tirantes de color amarillo y unos zapatos de punta plateado bastante altos. Se miró al espejo y le gustó lo que vió. No usaría demasiado maquillaje, pero se notaría. Con su trabajo siempre debía lucir perfecta, pero esa noche quería solo ser ella.
—Debería atar mi cabello... —se sentó, se recogió hasta la mitad su cabello y se hizo unas hondas que le quedaban hermosas. No sabía cuanto tiempo le duraría así su cabello, pero intentaría hacer rizos—. No sé por qué me estoy produciendo tanto para una cita que probablemente termine mal.
Suspiró y terminó de arreglarse. Tomó una cartera plateada y guardó todas sus cosas, sin olvidar su celular, credencial y pasaporte. Ella no sabía si al lugar al que iban necesitaba abrigo, así que agarró uno de los suyos y bajó las escaleras. No había nadie en casa esa noche, así que todo apuntaba para que ella pudiera ser un poco rebelde.
—El señor la espera en el aeropuerto —le informó un hombre con un aspecto elegante, pero peligroso.
—Un momento y nos vamos —fue hacia la cocina, tomó un bolso y fue con el hombre—. ¿Me dices tu nombre?
—No es necesario...
—Por favor... —lo interrumpió y le dió una sonrisa amigable.
—Patricio, señorita. Esta noche seré su escolta —miró a la chica darle un cupcake—. No creo...
—Los hice para todos y este es para ti. Realmente me salieron muchos —por supuesto que estaba nerviosa, pero no lo diría—. ¿Nos vamos?
El hombre asintió, tomó el regalo y se dirigieron al aeropuerto.
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Educando al Mafioso
RomanceLibro n°3 de la Saga Sacerdocio Kylian había nacido rodeado de amor y protección por todos a su alrededor. Era un hombre romántico y el más fiel compañero. Un amante leal que te hacía mojar las bragas con solo una mirada. Pero lamentablemente, la v...
