Veintitrés

7 3 0
                                    

POV: Tn

Una hora había pasado desde que me senté en ese columpio. Las luces tenues del parque apenas iluminaban mi entorno, pero dentro de mí todo estaba más oscuro. Seguía pensando en ella... Hange.

¿Por qué había recaído? ¿Por qué volvió a caer en las drogas después de todo lo que habíamos logrado juntas? Habíamos hablado de sueños, de un futuro más limpio, más libre. Había creído en ella. Había creído en nosotras. ¿En qué momento el abismo volvió a tragársela?

Bajé la cabeza, sintiendo cómo las lágrimas escapaban sin control. La impotencia se agarraba a mi pecho como una garra. Había luchado tanto por verla bien, por verla sonreír de verdad, y ahora todo parecía desmoronarse.

Entonces, el sonido de pasos quebró mi aislamiento. Al principio no levanté la vista, no me importaba quién fuera. Pero luego escuché su voz, esa voz que podía ser tan cálida como abrasadora.

—¿T/n?

Mi cuerpo se tensó. Esa voz era inconfundible, pero al mismo tiempo, la última que quería escuchar. Fruncí el ceño, limpiándome apresuradamente las lágrimas con la manga antes de levantar la mirada.

Ahí estaba ella, de pie frente a mí. Hange.

Su cabello desordenado, sus ojos cansados pero llenos de algo que no podía descifrar... Era ella. La misma que había estado perdida durante días, la que me había dejado preguntándome si la encontraría viva o muerta.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, mi voz sonaba más dura de lo que pretendía, pero no me importó.

—Buscándote —respondió, con esa mezcla de sinceridad y descaro que siempre la caracterizaba.

Quería decirle tantas cosas, quería gritarle, abrazarla, exigirle respuestas. Pero no podía moverme.

Hange se acercó un paso más, y su mirada se suavizó al verme de cerca.

—Lo siento… —susurró, con un hilo de voz que apenas reconocí.

Esa disculpa era como una daga. No sabía si dolía más porque la decía o porque realmente parecía que lo sentía. La miré a los ojos, buscando algo, cualquier cosa, que me diera esperanza.

—¿Por qué, Hange? —murmuré. Mi voz tembló, y con ella, toda la barrera que había intentado construir para protegerme.

Ella se agachó frente a mí, con las manos temblorosas, como si tuviera miedo de acercarse demasiado.

—No lo sé… —admitió al fin, con una sinceridad desgarradora—. Pensé que podía con todo, pero… fallé.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire. Quise odiarla por lo que hizo, por cómo me rompió al verla así. Pero al mismo tiempo, el peso de su dolor era algo que conocía demasiado bien.

—Estoy aquí, Hange. Pero no puedo salvarte si no quieres salvarte tú.

Ella asintió, con lágrimas en mis ojos, como si mis palabras fueran un bálsamo y una herida al mismo tiempo.

En ese momento, entendí que no todo estaba perdido. Pero también supe que la verdadera lucha apenas comenzaba.

Mis palabras quedaron en el aire, pero su reacción no fue la que esperaba. Hange me miró con un destello en los ojos que no supe si interpretar como desafío o pura frustración.

—¿Salvarme? ¿De verdad crees que tienes que salvarme? —replicó, su tono más alto, más duro, como si mi preocupación la ofendiera.

Me quedé en silencio, sorprendida por su cambio de actitud.

Hange Zoe | High Enough Donde viven las historias. Descúbrelo ahora