Al salir, se encontró de frente con David. «¡Qué mierda! ¡Ahora sí me acomodé yo, salgo de un acosador y obtengo otro!»
La expresión del joven era de estupor total. El primer sorprendido parecía él. Se vieron el uno al otro, petrificados, frente a la puerta.
—Penny...
—¡No me llames así! No somos amigos, ni nada.
El chico calló de inmediato
—¡No te debo nada! ¿Ok? ¡No quiero salir contigo! ¡No me molestes! —continuó ella.
El muchacho no tenía la culpa de sus problemas. Sin embargo, igual pagó los platos rotos.
—Yo pasé por Carmilla, no por ti —dijo —Aunque lamento lo del sábado, tienes razón, no me debes nada. El compromiso fue forzado, no era justo. Te viste arrastrada por la presión social.
—Entonces... ¿No es acoso?
—En absoluto, Penny —le contestó Carmilla detrás suyo—. Acordé salir hoy con David a comer helados, para compensar el plantón que le echaste ayer.
—Yo... Yo... Yo...
—No se preocupe señorita Penélope, igual puede venir con nosotros. No hay pena del corazón que un buen helado de chocolate no pueda curar —intervino el joven.
—No, David. Me disculpas, sé que prometí salir y ya sería una segunda plantada, pero necesito hablar con Penny, a solas, cosas de mujeres —le dijo Carmilla—. Espero que puedas disculparnos. Te lo compensaremos.
Penélope agradeció el gesto de su amiga. La necesitaba, como nunca en su vida o quizá como siempre. Observó al chico ponderar la situación. Vio a Carmilla, a ella, su cara compungida y maquillaje corrido.
—Está bien, no pasa nada. Pero no comprometas a la señorita Penélope, que por forzar las cosas fue precisamente la razón de que no se dieran.
Carmilla asintió.
—Te compensaré, es mi compromiso.
—Eso sí, no les puedo acompañar, pero si llevarlas. ¡Suban! Me indican dónde las dejo.
—Eres un amor, David. ¡Vamos Penny!
Carmilla se sentó delante y Penélope detrás. No podía negarlo, el muchacho era un caballero. ¿Por qué ella no tenía la suerte de encontrarse uno así? O sea. Ahí estaba, a la mano, disponible, soltero y a ella no le gustaba. Le gustaba era el comprometido, el pervertido, el que la trataba mal y le montaba cachos. No era cierto, la infidelidad era con Morgana, sin embargo, ella la sentía así. Y eso no era normal ni saludable. «no es tu ángel, no es nada tuyo, entiende eso Penny. Entiéndelo de una vez por todas».
Entraron a un parque temático, dedicado al Principito, muy popular en Valencia. David se fue, despidiéndose con mucho respeto de las damas, mientras ellas ingresaron y pidieron sendos helados de chocolate, fresa y vainilla.
—¿Y? ¿Qué pasó? —preguntó Carmilla entre cucharada y cucharada.
Penélope le mostró la notificación de pago, le explicó lo del contrato y las cláusulas que le ataban a la empresa hasta que cancelara la deuda. No obstante, omitió la parte del encuentro entre Axel y la amante desconocida.
—Con razón estás así, no es para menos. Es algo diabólico, no le conocía ese lado perverso a Morgana. Supongo porque yo nunca fui una amenaza para ella. Sabe de mis preferencias sexuales casi desde que entré a Morgan.
—Sí, muy chévere tu amiga.
—No digo que sea mi amiga, amiguita del alma, pero me la llevo bien con ella. Sabía que era celosa, esto ya es llegar a lo extremo.
ESTÁS LEYENDO
Axel AlexA
Romance¿Cuál es la escala de la felicidad? Penélope ha cambiado, casi no reconoce la hermosa mujer en que se convirtió; sin embargo, no ha dejado de ser una tímida adolescente que cree que el amor no se hizo para ella. Un golpe de suerte le hace conocer al...
