Penélope, tan pronto como pudo, fue al baño. Esperó con impaciencia, sentada en el lavabo, mientras expulsaba el semen. Seguido, procedió a lavar la zona comprometida de manera exhaustiva. Era mucho líquido, parecía que la afirmación de Carlitos de estarse guardando para ella no era mentira. Más de una vez Pedrito le había llegado dentro y nunca fue tal la cantidad de esperma. Ni modo. No valía la pena angustiarse demasiado por ello. Ya sabía lo que debía hacer: comprar una pastilla para el día después y tomarla lo antes posible.
Se arregló un poco, o hizo el intento. Miró el reflejo del espejo, no estaba ella en óptimas condiciones, pero podría pasar. No halló el panti por ninguna parte. Luego de un rato de infructuosa búsqueda se fue, "rueda libre", cómo se dice en Venezuela cuando una persona no usa ropa interior. Mientras no se cayera al piso con las piernas al aire no debería tener mayor consecuencia. Nota mental: «si vas a salir en falda corta, asegúrate no perder el panti, o mejor: ten una de repuesto en la cartera».
Recordó el tiempo que estuvo hospitalizada, cuando Raquel y todo aquel le vio su cosita. «Al final del cuento, la tengo igual que todas. No hay que hacer un drama por eso».
Logró su objetivo primario de forma rápida, con el susto se le había pasado la borrachera y ahora estaba más sobria que un evangelista en domingo. Compró la referida pastilla, chicles, agua mineral y hasta pudo recargar el saldo del teléfono en la farmacia. Para alguien que no viva en Venezuela podría parecer extraño tal suceso, las droguerías en el país, venden de todo, desde medicinas, comida, muñecos, juguetes sexuales, chucherías, y pregunte usted el producto que desea, de manera muy posible lo tienen.
En fin, Penélope llegó a casa, cerca de las nueve de la noche, no era tan tarde. Aplicó la vieja treta de mascar goma con sabor (y, sobre todo: olor) a menta para ocultar el aliento de dragón, que seguro tenía.
Intentó ser esquiva y no acercarse demasiado a sus progenitores, por si la medida no fuese suficiente.
El papá no detectó nada raro; su madre, en cambio, se percató de inmediato.
—Penélope, ¿Estuviste bebiendo?
Al verse descubierta, optó por decir la verdad, y la mentira también.
—Si mamita. No te voy a mentir. Estoy conmocionada con la muerte de Carolina, los problemas relacionados a mi puesto de trabajo, la injusta medida de la empresa para conmigo —dijo, tratando de ser convincente.
—Te entiendo hija. No debe ser fácil. Aunque refugiarte en el alcohol no es una buena idea. Báñate, te preparo algo ligero para que duermas bien y mañana domingo te hago sopa. Con respecto a lo de tu trabajo, tu papá está muy molesto. Va a consultar un abogado amigo de él. No vamos a permitir que abusen de ti.
—¡Gracias mamá! Casualmente, Carmilla también quedó en consultar a un abogado, amigo de ella. Un admirador.
—Excelente. Toda ayuda es bienvenida. ¡Anda, ve antes de que tú papá se dé cuenta que bebiste! No lo preocupemos más de lo debido —opinó la doña.
Esa era la mamá de antes, la madre que necesitaba en ese momento. La abrazó con fuerza.
—¡Te quiero mami! ¡Gracias!
—Yo también mi pepita!
Escuchar ese apodo y recordar el reciente descubrimiento que su origen provenía del nombre de una cerdita de dibujos animados le cayó un poco mal. Disimuló y entró a la ducha. «Que gracioso, yo queriendo bañar al Carlitos y al final quien me obligó a bañarme fue él. ¡Santo diosito, no permitas que la pastilla falle! No puedo quedar embarazada de ese niño». Evocó, en un efímero intento de tranquilizarse.
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Axel AlexA
Romance¿Cuál es la escala de la felicidad? Penélope ha cambiado, casi no reconoce la hermosa mujer en que se convirtió; sin embargo, no ha dejado de ser una tímida adolescente que cree que el amor no se hizo para ella. Un golpe de suerte le hace conocer al...
