Cap. 23 Beso en Getsemaní

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Penny sintió que una mano le acariciaba la suya propia, la izquierda, la del brazo roto, para ser más exacto. Creyó despertar, quizá había pasado un día o aún era de noche, no sabía decirlo.Igual la habitación tenía las ventanas cerradas y la luz apagada. A tientas buscó sus lentes que, según podía intuir, podrían estar en la mesita del lado derecho.

La mano desconocida que le tomaba, desistió de su agarre para apoyarla en el proceso de ubicar y colocar las lentes correctivas. Estaba fría, muy fría. «Pobrecito mi ángel, seguro es él, se ha quedado a mí lado toda la noche y el aire acondicionado a tope le hacongelado los dedos. ¡Pobrecito! ¡Tan bello! Me cuida, realmente me cuida».

Ajustó la mirada y algo de comprensiónllegó a su cerebro, al menos sobre por qué aquella piel estaba helada, aunque esa percepción fuese incomprensible en sí misma. Una figura espectral, le miraba con uno de sus ojos, mientras el otro se hallaba descolocado de la cuenca, estaba muy salido y enfocaba a puntos ciegos de la habitación. La frente de la figura estaba deformada y era, en si misma, un amasijo indistinto de sangre, carne y cuero cabelludo, fragmentado y desgastado. Aquí y allá se podían apreciar zonas blancas, supuso que eran partes del hueso frontal que se filtraba entre los jirones de piel. La nariz...

La nariz no estaba, parecía que había sido raspada, y arrancada de forma violenta. La cabellera era un indefinido conjunto de pelo, restos de cuero cabelludo, sangre y un extraño polvo de color blancuzco. Era el peor algodón de azúcar de la historia, azúcar quemada en todo caso, con sirope sangriento y topping de fibra de vidrio. «¡Es Morgana!» Exclamó para sí misma.

Penny quiso gritar de horror, sin embargo, no pudo. ¿Por qué no lo hizo? Ella misma no lo sabía. Un estertóreo hipeo era lo único que podía emitir. La sequedad en su garganta era acuciante, como sí hubiera perdido todo rastro de hidratación con el susto.

El esperpento, que se encontrabas entado a su lado, se inclinó. Penny no sabía con qué intención lo hacía, pero, en el proceso, su ojo izquierdo terminó de brotar desde la cuenca, cual germen macabro, y quedó colgando de los nervios; los deshilachados cables de colores,llenos de sangre y otros humores.

—Lo siento mi Penélope Yoyo, se me sale a veces. Esos desgraciados de la funeraria se olvidaron de ponerle pegamento y se cae. Al menos lo pudieran haber cosido. ¡Qué mal nacidos! —dijo y junto a cada palabra dicha surgían pequeñas cantidades de sangre.

La aparición se recolocó el ojo salido, Penny no supo que fue más asqueroso: el sonido que produjo cuando lo metía a la fuerza o la visión del pus brotando del hueco al ella empujar. Y si antes estaba enfocado hacia ningún lado, después fue peor. Lo puso al revés y los nervios, o lo que fuese aquello, sobresalían hacia fuera, como un manojo de espagueti mal colado y lleno de salsa boloñesa con restos de carne. Solo que en este caso la carne no era de vaca sino humana y la salsa: una mezcla de fluidos corporales de variopinta composición y colores.

—¿Hace frío o son ideas mías?—preguntó risueña—. Sabes, Pepa, ¿Te puedo llamar Pepa? ¿Verdad? Peppa Pig.

Seguido trató de hacer la onomatopeya de un cerdo, no le salió bien, al faltarle la nariz cada vez que lo intentaba le brotaba un chorrito de un líquido negruzco, que bien podría ser cualquier cosa.

—¡Oh! Cierto. No tengo nariz.Perdón, había olvidado que los forenses no la hallaron jamás. ¡Mira! También me quebré los dedos. Al menos esto si tiene solución.

Uno a uno los fue recolocando en su posición, y cada dedo que enderezaba, crujía, traqueteaba; estremeciendo a la joven convaleciente.

—¡Ay! ¡Mi anillo! ¡Rayos!—exclamó al ver su anular desnudo —¿Dónde está mi anillo de matrimonio, maldita perra? ¡No te vas a quedar con él! ¡Me quitaste la vida! Por tú culpa lo perdí todo, a mí hombre, mi tranquilidad y mi felicidad. Ahora solo me queda podredumbre, una eternidad de sufrimiento y un futuro lleno de gusanos. ¡No te vas a quedar con mi anillo! ¡Es mío! ¡Mío!

Axel AlexAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora