Cap. 30 El Regreso

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Durante la noche, Axel y Penélope despertaron un par de veces, las mismas ocasiones que repitieron la faena, incluido sexo rápido en el baño. Hasta que por fin, exánimes, se entregaron al descanso. A pesar del cansancio, encontraron una posición cómoda y, abrazados, durmieron a pierna suelta el resto de la madrugada.

En la mañana, Penny se levantó primero que su amado, un poco adolorida, pero, por sobre todo, muy complacida. Le dolía todo el cuerpo, entendía, de alguna manera, que le punzaran las piernas, pero no que pasara lo mismo con los brazos. Se resignó al asunto. Con sigilo salió del cuarto, la puerta no rechinó, hizo el aseo personal y se dio una ducha para espabilar. Se echó cremita hidratante en su anito, que estaba razonablemente irritado, aunque no tanto como llegó a considerar. «No busques pelea, Penny, deja descansar tu culito por un rato».

Con dificultad, caminó a la cocina, no por el escozor sino por la debilidad de sus extremidades inferiores. Era como si no fuesen parte de su cuerpo; o sea, allí estaban, conectadas a sus caderas y, sin embargo, solo eran dos palos de goma articulados; rígidos y pesados.

Hizo una búsqueda rápida en internet: «¿Cómo preparar un rico desayuno a tu hombre después de hacer el amor?» Colocó el celular recostado de la cuchillera, de forma que pudiera verlo y escucharlo con comodidad mientras revisaba el refrigerador. «Nevera de rico». Pensó al abrir. No había nada. O sea, si estaba llena: de helado, en diversos tamaños y sabores; agua, jugos en cartón y enlatados. «¿Quién carajos mete una lata de atún en el refri?» Pensó mientras la extraía. Tendría que resolver con lo poco o mucho que encontró. No que pudiera ir a la tiendita de la esquina. Nota mental: «hay que hacer un mini mercado».

El inventario: un paquete de pan de sándwich, una bandejita de queso rebanado, blanco, posiblemente mozzarella; atún y mayonesa. Y litros de zumo; manzana, pera, guayaba, naranja y coctel. 

Ingresó los ingredientes en la web, pronto consiguió lo que necesitaba y preparó el mejor de los desayunos posibles. Con sumo cuidado llevó las dos bandejas hasta la habitación, Axel se encontraba rendido, pero sin roncar. Se tomó un tiempo para revisar debajo de la cama. Vio su cosito, ahora de ella también y suspiró, enamorada. «¡No es tan cosito, Penélope, es un cosote!»Buscó una cubeta, enguaje bucal y todo lo que él pudiera necesitar para un rápido aseo matutino. Le dio un besito tierno en los labios.

—¡Despierta mi bello durmiente!

Él se avivó y sonrió al verla. «¡Ay! ¡Se le hacen dos hoyuelos en las mejillas cuando se ríe! ¡Creo que me voy a enamorar!»

—¡Qué linda mi Penélope! —Exclamó al ser consentido de esa manera. ¡Me trajiste desayubo a la cama! Nunca me habían sorprendido así, excepto mi madre.

—Todo lo preparé yo, papito.

—Me saqué la lotería contigo, mi Yoyito. ¡Ven dame un beso!

Ella se inclinó y respondió a los requerimientos de su princeso. «No lo degrades así. ¡Es un macho alfa, pelo en pecho, bueno, es lampiño, pero tú me entiendes Penny! No le digas princeso».

Mientras se besaban, en esa posición, él acostado y ella reclinada sobre él, Axel le acarició el seno izquierdo. Ella se estremeció, sí que le gustaba el pecho de ese lado. Se preguntó por la razón. «Es derecho Penny, es normal que escoja ese lado primero, relájate y disfruta». Se dijo así misma.

Comieron y luego se entregaron al sencillo disfrute de la compañía, vieron películas, series y algunas los vieron a ellos; ya que en más de una ocasión se quedaron dormidos.

Fue un fin de semana de ensueño, hicieron el amor rectal un par de veces más, en la noche del sábado y luego en la tarde del domingo. Penny estaba más adolorida de lo que quería admitir y la cremita ayudaba, aunque no tanto como debiera. 

Axel AlexAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora