La señora Nancy abrazó a su hija.
—¡Ay, mi hijita querida! No te preocupes, saldremos adelante. Lo importante es que estás viva. Tu papá, tú y yo para lo que salga.
—Por cierto, ¿Dónde está?
—Está en casa, pero no tarda en venir. Le tocó guardia nocturna y, aunque él quería venirse directo del trabajo, yo le dije que descansara un poco y viniera a relevarme más tarde.
—¿En serio? ¿Cuántos días han pasado?
—Uno solo, ayer fue que te dispararon.
Penélope se quedó muda del asombro.
—Siento como si tuviera una semana aquí.
—No, mijita.
En ese momento entró otro médico, quién sabe, podría ser el mismo de temprano. Penny no lo supo identificar. «Necesito mis lentes».
—Señorita Mármol, Perdón por el despiste, se me olvidó decirle algo importante. Con todo lo de la policía y demás, se me pasó.
Ambas mujeres asintieron.
—Está usted fuera de peligro, la recuperación va a ser un poco lenta y necesitará reposo absoluto por un mes al menos.
«Es bastante tiempo. Igual no sé qué va a ser de mi vida laboral. Supongo que ahora Alexa se hará cargo de todo. Sí, me viene bien ese descanso». Pensó.
—Entiendo. No sé preocupe, seré obediente —respondió Penélope en voz alta.
—Tiene que ser muy disciplinada, por el bien del niño.
—¿Qué niño? —preguntó Penny, muy extrañada.
—El que lleva en su vientre. Está usted embarazada. Es de apenas días, una semana como mucho. No se ve en las ecografías, pero si sale en las pruebas de sangre. ¡Felicidades!
Penélope miró al doctor, luego a su madre y comenzó a respirar fuerte. «¡No puede ser! ¡Estoy embarazada de la Alexa Malvada! No es de mi Ángel, que ya ni ángel es. ¡Ay, no! ¡Qué horrible!»
—¿Mamá, estoy despierta?
—¡Claro que sí, mi Penny! ¡Voy a ser abuela!
—Pellízquenme, creo que estoy soñando.
La señora le picó en el brazo. «¡Auch! ¡Dolió! Sí es verdad, estoy despierta, no es una pesadilla».
El doctor se alarmó al ver que el pulso le estaba subiendo a la paciente. La auscultó con urgencia, llamó a la enfermera y la sedaron.
—Es mejor que descanse, la noticia le impactó y se alteró —le comentó el médico a doña Nancy.
Fermín, muy lejos de allí, de una manera insospechada, se halló viajando a Puerto Cabello, con Flores y González. Dejó a Crespo y Morales encargados de la búsqueda en Valencia. La policía municipal de la ciudad portuaria, había reportado el hallazgo de la camioneta de Lotario, abandonada en una calle de la urbanización de San Esteban. Un área casi rural. La nula existencia de cámaras de seguridad en la zona era un incordio. No tenían de dónde agarrarse.
Arribaron al sitio, al frente estaba un terreno que los vecinos usaban como campo de fútbol. Sin grama, era más un arenal que otra cosa, y los arcos lucían muy solitarios, como dólmenes monolíticos en medio de un desierto.
—Esta abolladura es remanente del choque. Y hay restos de pintura blanca —observó Ángela.
—¿Hallaron algo?
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Axel AlexA
Romance¿Cuál es la escala de la felicidad? Penélope ha cambiado, casi no reconoce la hermosa mujer en que se convirtió; sin embargo, no ha dejado de ser una tímida adolescente que cree que el amor no se hizo para ella. Un golpe de suerte le hace conocer al...
