Cap. 20 De Tal Palo, Tal AstillA

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Y como lo anunció Morgana el nombramiento se hizo efectivo, junto a un sustancioso aumento de sueldo. También fue cierto que al día siguiente no le vino el periodo, ni el día que siguió, ni el segundo, ni el tercero. Y retornaron los malestares característicos, náusea, vomitos, aumento de micción, entre otros. Carmilla lo desestimó. «¡Qué ginecólogo ni que ocho cuartos! ¡Penny, necesitas a un terapeuta para que te quite ese embarazo psicológico!» Le dijo en más de una oportunidad. La rubia achacó los síntomas como una respuesta a todos los eventos pasados, las muertes, la amenaza, el regreso de Axel de su luna de miel y a la tensión laboral a la que estaba sometida.


Que la cosa estaba fuerte. Tenía que atender a los dos, presidente y vice presidenta, aunque en la práctica solo interactuaba con Morgana. Está hacía de filtro entre ella y Axel. Penélope llegó a comprar unos lentes oscuros especiales, que se colocan encima de los normales, para ocultar la mirada, no fuese que se le escapase alguna. Sin embargo, descubrió que era incómodo trabajar con ellos puestos. No veía bien, el vidrio oscuro interfería de alguna manera con la lente de aumento de sus gafas correctivas. Terminaron en una gaveta.

 
Con motivo de la llegada de los hijos de Gertrudis, se realizó la lectura del testamento. Ella, como cosa natural, siendo la secretaria de presidencia, fue convocada; lo extraño y hasta gracioso fue la siguiente persona en ser llamada; la última, la última que hubiese pensado.

—Departamento de modas, le habla Penélope Mármol, secretaria de presidencia —dijo a través del teléfono—. Por favor indique a la señorita Morales que acuda a Legal. Gracias. Muy amable.
La esperó en la entrada de dicha oficina, comandada por el otro Morales.

—Penny, ¿En qué lío me has metido?

—Debes prepararte para guardar un buen recuerdo de doña Santana.

Carmilla miro hacia arriba, haciendo memoria.

—Ya tengo uno: cuando le colocaron una placa de concreto a su tumba y luego la cruz. Y cuando le echaron tierra, abundante tierra.

—¡No digas esas cosas! Y habla más bajito, los hijos de la señora están en la oficina —le dijo Penélope, abriendo mucho los ojos.

—Gertrudio y Gertrudia, ahora sí me acomodé yo. Por cierto. ¿Qué hago aquí? ¿Qué tengo que ver con Hansel y Gretel?

—Baja la voz. ¡Ya! ¡Cálmate! Doña Gertrudis te incluyó en el testamento.

A Carmilla casi se le cae la mandíbula. Penny se la cerró con un dedo.

—No... Me... Jo... Das... Con tal que no sea la patria potestad de Adolfito y Eva.

—Ya, deja los sobrenombres. Entremos y así averiguamos que te dejó.

—Con mi suerte: su plancha de dientes.

Penélope ahogó la risa, abrió la puerta y le hizo entrar. El abogado Morales escoltado por el presidente y la vice, les pidió tomar asiento. Alexa estaba en un rincón con su amorcito, vestida de negro, con velo y todo.

La lectura fue todo lo formal y aburrida que podía ser. Penélope hacía todo lo posible por no ver a la tentación con piernas que tenía al frente, Axel "tres patitas" Rousel. Sin embargo, en más de una ocasión, con la excusa de seguir las acciones del abogado, le pegó un ojazo al paquete. ¡Muchacha, qué bultico! «No lo estoy viendo a los ojos, muérgana, puedes estar tranquila».
Al fin el señor Morales anunció el nuevo bien de Carmilla.

—A la señorita Carmen Morales le dejo mi preciada cajita de música favorita, para que al final de su melodía encuentre la verdad.

—¿No será como mucho? —dijo la rubia al recibir el referido artefacto.

Axel AlexAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora