Cap. 28 Preámbulos

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—Dichosos los ojos que te ven, Penny —dijo Carmilla con un tono sarcástico, al verla llegar a su apartamento.

—Cualquiera que te escucha diría que te tengo abandonada desde hace mucho. Solo ha sido unos pocos días, no es para tanto.

—Sí lo es, pero no vamos a pelear por una semana de olvido. Tengo que aprovechar estás migajitas de tiempo que me das y agradecer que vinieras.

Penélope frunció el ceño, tratando de hacerse la ofendida, en realidad estaba muy contenta de ver a su amiga.

—Quedé con Axel que te invitaría a mi casa, sin embargo, me pareció que era mejor que Mahoma fuera a la montaña.

—¡Gracias a Alá! —exclamó la modelo, levantando las manos al cielo.

—A la... a la persona que me sugirió que te dedicara tiempo.

—Ya decía yo que no podía ese señor estar ausente entre nosotros, Penny. ¡Axel! ¡Axel! ¡Axel! Cuando te enamoras te pones monotemática. ¿Tú novio te dijo que vinieras?

—No, no. O sea, sí.

—¡Fin de mundo!

—No te pongas celosa, sabes que eres mi persona favorita.

—La segunda, querrás decir.

Su amiga tenía razón, pero a ella le dio vergüenza admitirlo.

—Quien calla, otorga —opinó Carmilla, ante el silencio de la nombrada.

«¿Qué digo? ¿Qué digo? Cambia eltema, Penny, cambia el tema. ¡Piensa, piensa!».

—Siéntate, mientras te sirvo un refresco; dietético, no quiero que engordes más.

«¡Uy! Está súper molesta. Agria, ofensiva y belicosa. Di algo, pronto».

—¿Tienes el pendrive a la mano?—preguntó.

No era el mejor tema de conversación, pero fue lo primero que se le ocurrió, por no decir: lo único.

—¿No sabes cuál es la puta obsesión que tiene tu querido Axel con ese tema? Ya me tienen podrida con eso. ¿Qui pisí kin il pindrivi? ¡Ya! ¡Sáquenmelo para darle un besito!

—No te lo tomes así, Carmilla.

—Buena vaina me echó Gertrudis con esa herencia. Lo hizo nada más para atormentarme desde el más allá con eso.O sea, ¿qué le importa a Axel? Ni que el contenido de ese pendrive, sea cual sea su naturaleza, fuese de su incumbencia o contentivo de un secreto inconfesable.

Penélope no supo que responder. Bajó la mirada.

—Ya, mi Penny. Perdona mi amargura. Tú no tienes la culpa, bueno, sí un poco, pero no de las acciones de tu novio. ¡Ven! Dame un abrazo. Olvidemos el coso ese y veamos un capítulo de alguna telenovela turca o un drama japonés, de esos que te gustan tanto.—Propuso, al ver la expresión compungida de su amiga.

—Son dramas coreanos —aclaró Penélope.

—Coreanos, chinos, japoneses, todos son iguales —opinó, estirando sus ojos con los dedos—. Eso me da una idea: pediré una pizza al chino Tony y así pasamos una noche de solo chicas. ¿Qué te parece? Ya que viniste. ¿Te quedas conmigo?

Penny, animada, asintió al menos lo que el collarín flexible le permitió hacer.

—Sin trasnochar. Mañana tengo que ir a la clínica, temprano.

—No te preocupes, igual yo debo asistir al trabajo. ¡Oye! ¡Quítate esa cosa del cuello! Verte con eso puesto me pone incómoda.

Penélope aceptó la propuesta, en parte porque ella misma estaba harta de usarlo. Y de cierto fue que sintió alivio de inmediato. Movió la cabeza de un lado a otro, no escuchó el molesto crujido de antes; cuando el cuello sonaba cuál traca-traca.

Axel AlexAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora