Cap 35 Disparos en la Noche

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—Comisario, ¿qué haremos con Penélope Mármol?

—No podemos retenerla. La detención preventiva es legítima solo cuando hay sospecha razonable —le contestó Martínez con tristeza en la voz.

—¿Y no la hay? Más sospechosa que zamuro dando vueltas. 

Fermín no pudo evitar sonreír, a pesar de la seriedad del asunto.

—Sergio Ramón, los refranes no son lo tuyo, ¿Verdad?

El subordinado guiñó un ojo, divertido.

—Quizás gran jefe, pero... ¿no me va a dar usted la razón?

—Opino igual, tú lo sabes. No obstante, hay una partida de jueces que no lo considera así y se negaron a dictar un auto de detención. A menos que haya pruebas...

—...O hasta que haya otro cuerpo —interrumpió el detective.

—¡Dios no quiera! Además, recuerda que debes invitar a la modelo a salir cuando la recuperemos.

—¡Cuente con eso jefe! Me le pegaré como garrapata a perro de rico a Penélope Mármol cuando la libere.

«No la liberaré, técnicamente no está detenida», pensó Fermín.

—Hazme un favor: no digas más refranes.

El detective Sergio Morales optó por guardar silencio. La cara del comisario le intimidó, pocas veces le había visto una expresión tan adusta. Tuvo un pensamiento ocurrente, pero nada dijo. Sí conseguía a la rubia y lograba conquistarla, de casarse con ella, se llamaría Carmen Morales de Morales. Contuvo la risa y salió de la sala de reuniones tras su jefe.

El comisario Fermín despachó al asistente y se dirigió a su oficina. Allí esperaba, impaciente, Penélope Mármol. La saludó de una manera casual, no quería que se pusiese más nerviosa.

Le vio con detenimiento, tratando de encontrar indicios de culpabilidad en su rostro ojeroso, desprovisto de maquillaje. La chica exultaba inocencia, le brotaba por los poros, como la savia de una sábila recién cortada. Su tristeza y preocupación eran genuinas, al menos eso percibió. Era bonita, a su modo, con la nariz respingada, ojos pequeños, buena dotación delantera, cabello cortado al hombro y negro. Sin embargo, no debía distraerse, no estaba allí para juzgar su belleza sino para evaluar la participación en el secuestro de Carmen Morales.

Una vez sentado, Fermín tomó la declaración jurada de Penélope y, con estudiada parsimonia, releyó el documento. El objetivo era puntualizar los detalles que parecían importantes y presionar, si era posible.

—Señorita Mármol, usted declaró que vio por última vez a Carmen Morales el viernes veintiuno de junio.

La aludida asintió con la cabeza.

—Señorita Mármol, responda sí o no.

—Sí comisario, así fue. Nos despedimos antes de entrar a Morgan Building ella y yo a la Torre Rousel.

—¿Qué hablaron? 

—Cosas de mujeres. Nada importante 

El comisario colocó la cajita de música frente a ella.

—¿Reconoce este objeto? ¿Sabe a quién pertenece?

Penélope volvió afirmar con la cabeza. 

—¿Sí o no? —preguntó el comisario, levantando la voz.

—Sí, era de Carmilla, parte de una herencia que le dejó Doña Gertrudis.

—¿Le dejó una cajita de música?

Axel AlexAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora