Luego de un suceso extraño, trágico e inesperado como lo puede ser el suicidio de una persona tan joven, Penélope se halló inmersa en un estado de constante estupor. De alguna u otra forma abrazó la insensibilidad corporativa. Medida inconsciente de su psique para afrontar lo sucedido. Carmilla, ante aquella circunstancia, hizo lo que pudo para apoyarla, subirle el ánimo, como siempre, sin embargo, ella apenas lo notó.
Al día siguiente fue a trabajar, pensando encontrar un ambiente sombrío, caras largas, gente murmurando en los pasillos, molestia general. No, nada de eso, el tropel ascendía y descendía las escaleras, como si nada hubiese sucedido. Quizá, lo único fuera de lo ordinario que ocurrió fue una larga reunión de ejecutivos a puertas cerradas. De la cual se enteró apenas, por el simple hecho de ser una zona donde limpiaba Toñita y ésta no pudo realizar su labor. También estaba la clausura temporal del puente, por los momentos quién necesitase de ir de un edificio a otro debía salir, cruzar la calle y entrar por la puerta principal correspondiente. Y, aun así, el personal no protestaba.
No. Les miento. Si ocurrió otra cuestión extraordinaria. Hubo una pequeña convocatoria, más que eso, una notificación realizada en el comedor de empleados y obreros. Quienes manifestaran su deseo de asistir al funeral de Carolina se les otorgaría permiso. Está de más decir que la mayoría aceptó la moción.
En consecuencia, a las dos de la tarde cesaron las actividades laborales y para el personal que declaró la intención de ir al sepelio fueron habilitados varios autobuses para su traslado al campo santo.
Sin embargo, eso significó una decepción más, cuando Penélope se unió al cortejo fúnebre, se percató que solo un puñado, no más de tres o cuatro personas, había entrado al cementerio y de la plana mayor solo asistieron Alexa Rousel, Lotario Cárdenas y Gertrudis Santana.
El grueso del personal, que bajó de los transportes, cruzó la avenida y se fueron a sus casas, al cine, al parque, a pasear, de compras; a cualquier lado, menos adónde era el evento al cual se habían comprometido asistir.
De esa manera, el féretro lo hubieron de cargar los empleados del camposanto; algunos jardineros, un vigilante y un par de sepultureros. La comitiva de la familia Pérez estaba conformada por solo mujeres: la madre, la pequeña hija y tres chiquillas de desconocido parentesco. Penélope, que caminaba al lado de la representación laboral, tuvo el impulso de abordar a la vieja Santana, Carmilla se lo impidió. Le tomó del brazo y negó con la cabeza.
—No es el momento Penny y, además, es un reclamo que no te corresponde.
—Pero...
—No es tu culpa y no es tu problema
—Carmilla... ¿cómo puedes ser tan insensible?
—No es eso Penny. Se trata de la vida, cariño. La tragedia, el dolor y la injusticia son parte de nuestro día a día. Nos adaptamos o sucumbimos. Cosa que le pasó a Carolina, los bruscos cambios en su vida la sobrepasaron y colapsó. Entiendo que estés triste por su muerte, porque fuiste la última persona en hablar con ella y sientas que, de una u otra forma, la señora Gertrudis es culpable, pero no dejes que te consuma esa necesidad. Hoy lloramos a los muertos, mañana sonreímos por los vivos, los seres que amamos, y más que todo, debemos alegrarnos por nosotros mismos y porque seguimos con vida. No es tu culpa, ella tomó su decisión; tú hiciste lo que pudiste —expresó con solemnidad.
Penélope, en su íntimo ser, entendía y daba razón a Carmilla. su forma de pensar, de presentar resistencia; eso que llaman resiliencia, sin embargo, no lograba asimilar el asunto. ¿Era ella misma, Penélope Candy Mármol Pineda, resiliente? No lo sabía. Seguramente no. Y ya que hablaban de pérdidas ajenas, hizo una pregunta que considero pertinente.
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Axel AlexA
Storie d'Amore¿Cuál es la escala de la felicidad? Penélope ha cambiado, casi no reconoce la hermosa mujer en que se convirtió; sin embargo, no ha dejado de ser una tímida adolescente que cree que el amor no se hizo para ella. Un golpe de suerte le hace conocer al...
