Cap 32 La Impotencia

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Distraída es una palabra suave para describir el estado de Penélope durante el resto del día. Sí, trabajó como siempre, para enfrentar una montaña de tareas diferidas, pero su mente se hallaba anclada en la oficina del Morgan Building. Cómo si su cordura la hubiera dejado allí, al cerrar la puerta. Necesitaba ir, buscar o mejor: encontrar respuestas. 

Sin embargo, no pudo. Antes de que pudiera darse cuenta, se hallaba sentada en el asiento de copiloto de la camioneta, rumbo a casa. Axel hizo una rápida parada en un establecimiento de comida china. Claro, ella misma, como secretaria de presidencia se había encargado de ello. Cuatro porciones de cerdo agridulce (¿por qué tuvo que ser un puerquito?), arroz tres delicias, chop suey y, por supuesto, la clásica salsa. Todo ello con panecillos y refrescos de cola negra.

Cenaron en casa de Penny, de forma amena, cierto fue que ella se animó un poco, ya sea por el ambiente familiar o porque no quería que nadie notara su estupor.

Después de una larga despedida, de duración cuasi-infinita, con igual cantidad de besos y promesas de amor, él partió a su propio hogar. 

—Paso a buscarte mañana temprano, mismo bati-canal, misma bati-hora —le dijo, giñando un ojo.

Ella sintió con la misma efusividad y le dio un último beso y abrazo de la noche. Una vez dentro y, superadas ciertas dinámicas familiares, le escribió un mensaje en el celular a su amiga: «Ven». Recibió respuesta inmediata y positiva.

Carmilla llegó en un santiamén, como si hubiese estado esperando la llamada; preparada, con piyama de muñequitos, su almohada favorita y cepillo dental. Sin mediar muchas palabras se resguardaron en la privacidad del cuarto.

—Cuéntame, Penny. ¿Qué ocurrió hoy?

—Nada y a la vez todo.

—Explícate.

—Tengo una posible clave para el pendrive.

Carmilla la vio con detenimiento, con una expresión que denotaba incomprensión.

—¿En serio? Yo pensé que era otra cosa, algo más importante.

—No es solo eso. Lo otro que tengo por decirte es algo descabellado, necesito que me ayudes a dilucidar la verdad, porque quizás mis ideas sean demasiado traídas de los pelos.

—Eso si suena como un trabajo para mí, Carmilla Mirelles, heroína de la coherencia y buen pensamiento.

Penny le hizo señas. Se recostaron en la cabecera de la cama, con almohadas en la espalda para acolchar la superficie. Se colocó su minilaptop en el regazo y, mientras encendía la portátil, le puso al corriente de lo sucedido en el almuerzo. Donde ella, jugueteando con las servilletas dio con la potencial contraseña y la actitud de Axel. Al menos eso creía.

—Tiene lógica —opinó para su sorpresa la rubia.

Se había acostumbrado al hecho que su amiga desestimara todas las ideas que se le ocurrían. 

—Tiene nueve letras y da algo de sentido al extraño interés que tiene Axel por el contenido del pendrive. Su reacción delata cierto temor por el desvelado de un misterio. ¿Qué crees que ocultan esos dos? Presiento que tienes una noción de ello y ese es el verdadero motivo por el cual debo preparar mi mente a que se abra a la locura.

Penny asintió.

—Lo sabía. ¡Echa pa fuera! Hoy vine preparada para todo. Dame tu mejor golpe.

Penny suspiró. «¡Mantén esa actitud mi Carmen!»

—Los Rousel son tres hermanos.

Carmilla no pudo evitar reír. Penny frunció el ceño.

—Lo digo en serio —afirmó molesta.

Axel AlexAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora