Penny arribó a su hogar, dulce hogar, cuandoel atardecer dejaba paso a la noche. Llegaba luego de una jornada llena deemociones, tanto buenas como malas; le era difícil establecer si el día habíasido más positivo que negativo. Por un lado, habían ocurrido dos muertes, laprematura partida de personas muy jóvenes; por otro, Axel le había solicitadonoviazgo, con miras al matrimonio. Algo que una semana atrás no hubiera creídoposible. Ni antes ni después del accidente, mucho menos luego de la experienciade ese día en Morgan Rousel. Dónde todos, incluida la dulce Alexa, lerechazaron de una forma muy fuerte. Tenía motivos para reír y para llorar. «Sisigo así no voy a usar un vestido de novia para casarme sino una camisa defuerza». Pensó.
Pasado los amargos momentos enla sede de la policía, nada más alsalir, se peleó con Axel en la camioneta. Fue su primera pelea de novios. Eso,de manera irónica, colmó de ternura su corazón. Suspiró, «discutir es feo, peroque linda es la reconciliación». Al pasar por el sitio del suceso miró elacordonamiento policial y el muñequito pintado con yeso en la acera.
¿Cómo había sido posibleaquello? Se sintió culpable. Si se hubiera quedado en casa, a cumplir, comocorrespondía, su tiempo de reposo no hubiera pasado nada. No le hubierantratado mal, ni ella renunciado, ni hubiera regresado en cola.
El policía la dejó en un sitiodonde no tenía otra opción que caminar por el frente de la sede de los moto-taxistas.Nadie le hubiera dicho a Pedro, no la hubiera interceptado, Carlitos no hubieraintervenido, la pelea; el revólver, la pistola, Axel... «¡Dios! ¡Sí que metistela pata! Te dejaste ganar por la ansiedad, el desespero y el rechazo. ¡Quédébil eres, Penélope Mármol»
Vio a su familia salir arecibirla: su papá, su mamá y la incondicional Carmilla. Sonrió. No bien sehabía bajado del vehículo cuando ya los tenía encima a los tres; quienes lecolmaron de besos y abrazos.
—Nos tenías preocupados, hija—expresó el señor Pablo—. Temprano escuchamos el alboroto y los disparos. Nosresguardamos, pensando que era un enfrentamiento entre bandas.
—No fue hasta que vimos los videos,que nos enteramos —manifestó doña Nancy.
—Fuiste noticia y tendencia enlas redes sociales, mi Penny —declaró Carmilla.
—Lo siento, lamento haberlospreocupado tanto. No pude comunicarme con ninguno porque no tenía teléfono,ahora sí, gracias a Axel.
Penélope enseñó su nuevo yfragante celular.
—Es el mismo modelo que el mío,el que tanto querías. Ves, te robaron el dinero en el accidente, pero dios telo recompensó. Te felicito mi corazoncito
—No fue Dios quien me lo dio,fue Axel, Carmilla —aclaró, satisfecha.
El aludido saludó con timidezmientras, con disimulo, retrocedía de espaldas, hacia su vehículo.
—¿Te vas, amor? —preguntóPenélope extrañada.
—Sí, ustedes tienen muchas cosasque hablar en familia y mejor los dejo solos.
—¡No señor! ¡No se va! Tenemosmucho que hablar usted y yo, de hombre a hombre.
Penélope miró a su papá con algode alarma, a la vez que orgullosa. Le gustó que le defendiera, como alguna vezlo hizo con Pedro, dios lo tenga en su gloria, pero también, con todo loocurrido y siendo que recién empezaban de novios, se preocupó; además, fuese loque fuese, él seguía siendo su jefe. «¡Ay Diosito, ayúdame! ¡Haz que mi ángelno se moleste!»
El joven sonrió y asintió.
—Tiene usted razón. Supongo quese enteró de mi petición de noviazgo a Penélope. Ya sea por los videos o los chismesde barrio. Y es obvio que tengo que pedir su mano, como corresponde. Solo quequise esperar un momento más tranquilo. Hoy ha sido un día extraño, tanto paraPenélope, como para mí. No hemos comido, ni bañado y si yo estoy cansado asumoque ella está igual o peor. Penélope debería estar reposando, por el accidente,la pérdida y todas las lesiones recibidas. Sin embargo, es un poco necia.
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Axel AlexA
Romance¿Cuál es la escala de la felicidad? Penélope ha cambiado, casi no reconoce la hermosa mujer en que se convirtió; sin embargo, no ha dejado de ser una tímida adolescente que cree que el amor no se hizo para ella. Un golpe de suerte le hace conocer al...
