De nuevo experimentó esa pesada sensación, de despertar luego de un tiempo indefinido. Uno podrá pensar que Penélope se habría acostumbrado a tal circunstancia, la verdad era que no, no era algo que ella quisiera sentir. Y, sin embargo, había ocurrido otra vez.
Pestañeó varias veces, se llevó la mano derecha a los ojos, luego a la frente, los estrujó un poco, tratando de enfocar el entorno. ¿Qué vio? Un techo blanco, luces brillantes, el ambiente clínico.No tenía sus lentes puestos, cosa que dificultaba la acción. Debía confiar en sus otros sentidos, aunque a la primera escucha receló de lo que percibían los oídos.
—¡Penélope! ¡Qué bueno, has despertado!¡Estás viva mi amor! ¡Estás viva!
Era la voz de Axel, sí, no cabía duda. Lo necesario a interpretar era si era real u otra fantasía creada por su confusa mente. Ya había caído en esa trampa antes. «Tranquila Penny. Espera a tener certeza antes de emocionarte sin necesidad. La decepción siempre te pega mucho». Sintió una mano tomar la suya, también la conocía. ¿Sería posible?
Entonces lo distinguió, al menos su imagen difusa. El cabello rojo, desordenado y sin peinar, y los distintivos aretes de rubíes lo delataban. «¿Podrá alguien ser más ostentoso que mi ángel?» Axel acercó su rostro al de ella y le besó en la frente. La había llamado "mi amor". Dudó, lo dicho: ya le había pasado, confundirlo con otra persona, contradicción ocasionada por el deseo que fuese él quien le despertara y oír expresiones de cariño solo porque su corazón así lo demandaba.
—¿Axel? ¿Eres tú? ¿De verdad eres tú?
—Sí, mi Yoyito, soy yo. ¿No puedes verme?
Penélope quiso decir que no, o sea, no muy bien. No estaba ciega, solo que sin lentes veía borroso de cerca; en vez de responder la pregunta se echó a llorar. Él la consoló en silencio, con un abrazo y muchos besos en el rostro.
Cuando se hubo calmado él le colocó las gafas correctivas. Ella no hubo de solicitarlas, él ya sabía qué hacer. Recordaba su defecto de la vista y estaba al pendiente de los detalles. Eso llenó su corazón de una absurda alegría. Además de que estaba con ella y no con Morgana, la conocía lo suficiente como para intuir la acción correcta a tomar. Y eso era algo impensable, quizá inaudito. No estaba con la esposa sino con ella: la amante. Eso podría significar mucho y a la vez nada. «¡Calma Penny! Aquieta tus latidos». Se dijo así misma.
—Están rotos, pero aún se pueden usar. El vidrio está astillado. Por más increíble que parezca sobrevivieron al choque casi indemnes. Luego te mando a hacer unos nuevos y más bonitos. Por cierto, tus padres y Carmilla están afuera, yo les pedí, de manera encarecida, que me permitieran estar a tu lado al despertar.
Ella quiso reincorporarse, cosa que no pudo. Su brazo izquierdo se hallaba inmovilizado con una férula. Él le ayudó con mucho cariño.
—Esta fracturado a la altura del antebrazo, aparte de algunas heridas ocasionadas en la colisión. Realmente recibiste más golpes de Morgana que en el accidente.
—¿Qué tengo en el cuello?
—Un collar ortopédico. Por el latigazocervical. Es algo menor, los médicos me dicen que te recuperarás pronto.
Ella asintió de nuevo.
—¡Gracias! —alcanzó a decir, con la voz entrecortada—. ¿Cuántos días han pasado?
—Ninguno, o sea aún es martes. Es de noche. —Miró el reloj—. Son las ocho de la noche. Penélope, siento decirte esto, pero creo nadie mejor que yo para hacerlo: perdiste el bebé.
Ella bajó la mirada sin decir nada. Fue brusco al decirlo así, sin más. Pudo haber tenido más tacto, pero era Axel, él era así. Se sintió como una desgraciada sin corazón, dado que la noticia le resultaba un alivio. En realidad, no era un hijo deseado, ni sabido ni esperado, ni de Axel. Supuso que, ella, eventualmente se hubiese enterado. De no haber sido por los exámenes que le hizo la doctora de la empresa todavía estaría sumida en una confortable ignorancia.
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Axel AlexA
Romance¿Cuál es la escala de la felicidad? Penélope ha cambiado, casi no reconoce la hermosa mujer en que se convirtió; sin embargo, no ha dejado de ser una tímida adolescente que cree que el amor no se hizo para ella. Un golpe de suerte le hace conocer al...
