Cap. 29 ¡Vuelvan Caras!

30 7 0
                                        

—Me voy a quedar solita —se quejó doña Nancy. —Tu papá tiene que ir a trabajar, turno nocturno y tú te vas a dormir con Axel. 

—¡Ay mamita! Aguanta, papi llega mañana temprano. 

—Sí, pero a dormir. Recién despierta después del mediodía.

La señora hizo un puchero, Penélope la abrazó para reconfortarla.

—Se acuesta con él, y lo consiente con buena comida y otras cosas que se le ocurra. Aprovechen que estarán solos. Usted sabe, el ñuqui-ñuqui y el ñaca-ñaca —le dijo guiñando un ojo.

—¡Amen, hijita!

En ese momento se oyó el ruido de un claxon. Ambas mujeres se vieron a los ojos. Sabían quién había llegado.

—¡Ve! ¡Ve! No hagas esperar al yernito y deja a esta pobre vieja, sola con los gatos que no tiene.

«¡Más dramática! ¡No me vas a manipular, Nancy Perez de Mármol!» Penélope salió con premura, le daba algo de pesar dejar a su mamá sola en casa, sin embargo, no quería posponer más los momentos íntimos con Axel. Si permitía que él entrara a la casa, quizá la visita se extendería más allá de lo recomendable. «¡No, después se pegan a hablar hasta tarde! Mejor, no». Y, aunque el recién llegado novio abrió la puerta, con la intención de bajar el vehículo, antes de que pudiera realizar dicha maniobra, Penny subió, impidiendo la acción. Una vez dentro, se le echó en brazos, lo besó y no dejó que saliera. Cerró la puerta del piloto ella misma.

Al yerno no le quedó otra que saludar desde lejos a su suegra. Doña Nancy respondió con alegría el ademán, mientras observaba con tristeza como se perdían entre las callejuelas del barrio.

—¡Por fin, mi Ángel! ¡Por fin, dormiremos juntos como pareja! 

—Así es mi Yoyito, pero antes vayamos a comer. ¿Qué se te antoja?

—Un salchichón bien caliente —le dijo, mientras tocaba y masajeaba la bragueta del hombre.

Él sonrió.

—¡Traviesa! ¡Picarona!

Ella se agachó y metió su cabeza entre las piernas, como mejor pudo, y mordió por encima del pantalón al objeto de su deseo.

—¡Que rico! ¡Se puso durito rápido! Se me hace agua la boca.

Mordió de nuevo, está vez un poco más fuerte. Oyó a Axel quejarse y apretar los ojos. Eso le provocó a Penélope sacar al pene de su encierro y así se lo manifestó. Quería engullirlo, lamerlo; saciar esa hambre que sentía, tan distinta a la necesidad de alimento.

Él, de acuerdo con la propuesta hecha por su novia, le hizo señas que esperara; bajó por una salida de la autopista, a una vía de servicio y detuvo la camioneta detrás de un gran árbol. Lo último que deseaba era protagonizar otro accidente de tránsito y, mucho menos, llamar la atención de curiosos o maleantes de carretera. ¿Dónde se hallaban? En medio de la nada, en un ambiente rural. Bajó la cremallera y ella contribuyó con la acción de extraer al órgano referenciado como embutido de alta calidad y sabor. 

Mientras ella cumplía su labor fagocitadora, sintió como él le subió el vestido, bajó su panti y encontró lo que buscaba: dos agujeros disponibles para la concupiscencia. No ejerció preferencia por alguno, le escuchó escupir saliva en sus dedos y penetró a ambos con delicadeza, dos dedos fueron destinados al borde prohibido y el tercero en la vagina. 

Con el desespero que dicta la ansiedad del placer, se atacaron con ferocidad, en una competencia por ver quien lograba una victoria ajena que, sin embargo, era tan propia como compartida.

Axel AlexAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora