Capitulo 45

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Castigos y rebeliones.

Alissa.

La pistola cae al piso y el ruso se queda inmovil en tanto unas manos sujetan los barrotes.

«¿Papá?».

Mi cuerpo retrocede y los chicos se quedan como estatuas en su sitio. El ruso da un paso atrás cuando las manos intenta sujetarlo y Liam se acerca como si estuviera hipnotizado. Luck me observa y mi cuerpo no reacciona.

—¡Liam!.

El italiano se da vuelta a la selda que está al lado y de inmediato sus ojos se llenan de lágrimas. Sus manos empiezan a temblar y siento un nudo en mi estómago.

—Papá —susurra el rubio.

Los dos se vuelven a nosotros y Luck toma mi mano para que avancemos pero mi cuerpo se niega a moverse.

—Alissa —la voz me revuelve el estómago.

Se dan vuelta mirando las otras celdas y Luck me obliga a avanzar pero me niego así que el corre a selda que está al otro lado del pasillo y se arrodilla soltando lágrimas sin parar.

—¡Se los dije!.

El empieza a forcejear y saca algo de su bolsillo, una especie de pistola que usa para cortar los barrotes y los tres retroceden cuando un hombre emerge de la celda. Cuando lo observó quedo boquiabierta. Tiene una estatura imponente, con un cabello tan característico como el suyo, como si fueran dos gotas de agua.

El mira a los tres y abraza a su hijo mientras este llora soltando el artefacto.

Liam es quien lo toma y con rapidez corta los barrotes que aprisionan a su... «No puedo decirlo». Sus manos tiemblan y como puede arranca los barrotes dejando que el hombre salga al pasillo.

Es igual que alto que el otro con un cabello dorado que pese a lo sucio y maltratado no pierde su color y unos ojos celestes tan brillantes como los de luna.

—Sapevo che sarebbero arrivati —dice y lo abraza.

«Sapevo che sarebbero arrivati: Sabia que vendrían».

—Damian.

El padre de Luck lo suelta y toma el aparato para romper los barrotes de la tercera selda. Se lo entrega al otro y este hace lo mismo con la última y James retrocede acercándose a mí.

Su cara es inexplicable, sus ojos están rojos mientras su pecho se mueve con rapidez y sus manos están echas puños intentando controlarse.

Yo no sé si estoy igual o peor. No asimilo que esto sea cierto y ya me he pellizcado más de cinco veces. Pero mi malestar empeora cuando otras dos figuras emergen de las celdas.

A un lado está un hombre de cabello negro, tan pálido como la luna y los mismos ojos de acero que veo todos los días. «Damian Aliev». Es igual de perfecto que su hijo, son exactamente iguales mucho más parecidos que los demás.

Mismos ojos, mismo cabello, todo.

Y al otro.

Caigo al piso cuando veo al hombre que se gira para mirarme. Y es ahí cuando el mundo parece detenerse. Sus ojos se encuentran con los míos, y una mezcla de emociones me descontrola el corazon.

Siento un escalofrío recorrer mi espalda, como si el aire a mí alrededor se volviera denso y difícil de inhalar. Me siento vulnerable, asfixiada, ida.

El Legado De La Mafia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora