Capítulo 73

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Planificación.

James.

Observó cómo Alissa duerme con una cantidad interminable de frazadas y edredones encima lo cual me saca una sonrisa.

El cabello lo tiene esparcido por el rostro y me levanto dejándola en la habitación para ir al despacho donde encuentro a mi padre admirando las fotos del bebé.

—¿Esto lo hiciste tú cierto?

Me acerco a el.

—Te dije que habría una solución, padre.

La sonrisa que curva sus labios me desconcierta, las emociones positivas por parte de Damián me preocupan pero el ni siquiera me mira.

La edad ya le está afectando.

—Cuando naciste —dice—. Fui el hombre más feliz del mundo.

«En definitiva le está afectando».

—Lastima que eres una descripción como hijo —mi expresión cambia y el ríe por eso—. Pero, saber que ahora, de lo que más quiero saldrá algo me emociona aún más.

—¿Seguro que no tienes una enfermedad terminal? —expreso—. Deberíamos hacerte algunos exámenes...

Termina por dame una palmada en la espada que me hace reír.

—¡No seas imbécil! —brama—. ¡Esto es en serio!.

Empieza a pasear con la ecografía en manos y me apoyo del escritorio intentado relajarme. «Un bebé». Es abrumador pensar en todo lo que eso significa pero no me quita la satisfacción de saber que todo lo que hice funcionó.

«—¿Porqué el líquido es rosa? —inquiere— ¿Y que es lo que hará?

—Si todo sale bien, voy a decírtelo».

Sonrió por el recuerdo y Damián cuelga el eco en una cuerda y lo amdira unos segundos más.

—Puedes tatuartelo si quieres —me le burló.

El se da vuelta.

—Nunca me habías hecho tan feliz, James.

Sus ojos se conectan con los míos y asiento con lentitud.

—Vomitare con tanta cursilería.

Rueda los ojos y abandona la oficina dejándome solo.

Suelto el aire pasando las manos por mi cabello y tomo asiento sintiéndome un vaso con whisky «¿Y ahora que?». Las cosas están demasiado jodidas, y con exactitud. El embarazo en definitiva no estaba en mis planes.

Quería arreglar su infertilidad, pero no embarazarla. No aún que es tan joven, y mucho menos con todas las mierdas que están pasando.

Pero, en definitiva el destinto ama dañar mis planes.

Paso el trago dejando que el alcohol me queme la garganta y al igual que Damián, me concentro en la ecografía que me saca una sonrisa.

Entiendo la incansable felicidad del Boss, de mi. Lo que más deseaba, era un hijo, la descendencia es lo más preciado para un mafioso y el saber que tendré una puede enloquecer a varios.

Pero hubiese preferido que fuera en otro momento.

La puerta vuelve a abrirse y Luck entra con las mejillas rojas y el pecho en un vaivén. Sin decir nada toma asiento y se queda mirando a un punto fijo. Liam es el segundo en llegar y se acerca a mi para mirarme.

El Legado De La Mafia Donde viven las historias. Descúbrelo ahora