━━━━━━ ∗ ⋅♛⋅ ∗ ━━━━━━
Cautiverio.
Alissa.
Se que han pasado varios días, los recuerdos son vagos en mi mente y mi cerebro Solo repite mi nombre una y otra vez como si fuera la única cosa que no estoy dispuesta a olvidar.
El cuerpo me duele, y mis movimientos son lentos como si mi organismo se negara a hacer lo que pido.
Abro los ojos con lentitud intentando mantenerlo así y muevo mis manos luchando con las esposas que me atan a la camilla.
Mi cerebro repite los nombres de los chicos y el sabor amargo que se apodera de mi paladar hace que las lágrimas salgan solas con una presión que crece en mi pecho.
«Hijo de puta».
No sé cuánto llevo aquí, ni que a hecho conmigo porque me a mantenido drogada tanto tiempo que me es imposible estar más de dos horas consciente.
Hay tres personas a mí cuidado y en ocaciones despierto cuando me están aseando o dando de comer. Pero de restó estoy en el limbo.
Respiro hondo aguantándome las lágrimas y observo mi alrededor deseando morir. Hay más de cuatro bolsas de sangre, drogas en todas sus presentaciones, registros de mi "estadia". Y un sin fin de cosas más.
Los piquetes en los brazos me duelen y las heridas igual, mi pierna no está bien y con la cantidad de sustancias en mi cuerpo todo se complica.
Tomo aire cuando oigo las puertas abrirse y miro a otro lado queriendo evitar a mí captor.
—Principessa —me llama—. Espero hoy estés de un mejor ánimo.
Toma un banco sentándose frente a mí y me obliga a mirarlo.
—Luces hermosa. —pasea sus dedos por mi rostro—. No sabes cuánto disfruto mirarte, amore mío.
Callo y respira hondo.
—Lastima que seas tan testaruda —se levanta y toma una de las jeringas—. Pero eso cambiará muy pronto cara mia.
—No... —musito y ríe.
La llena con ese maldito líquido anotando la hora y dosis, es una carpeta y yo me retuerzo con los ojos empañados.
—Por favor —sollozo—. Por favor no.
Su sonrisa no sé borra y me sujeta del cuello encendiendo el sistema que lanza dosis de electricidad cada que me muevo poniéndome aún peor.
Lloro como una niña pequeña y me obliga a besarlo hundiendo la aguja que perfora mi piel condenandome cada vez más a el cuando el líquido se toma mi sistema.
Todo se vuelve borroso, mi vista se nubla mis sentidos se distorsionan y mi mente se queda en blanco obligándome a cerrar los ojos.
Todo desaparece menos el tacto de sus manos por mi cuerpo «Lo siento». Y me asquea, sus labios los siento en mi cuello, en mis labios y hombros y sus manos recorren mis piernas metiéndose dentro de mi ropa.
Intento moverme pero es inútil, estoy muy débil y aunque mi cerebro se niega mi cuerpo sede a su toque haciendo que el se regocije por ello.
Me maneja como a una puta muñeca y lo disfruta. «No me hará quererlo». Repito y me mentalizo que no necesito esa droga callando a mí mente cada que la aclama. No puedo ceder, ni a la droga, ni ante el.
Dejo de sentirlo y me concentro en dormir por un par de horas intentando apaciguar la ansiedad que me da esa sustancia.
Despierto cuando las mujeres me levantan sin cuidado. Me cargan llevándome hasta la bañera y empiezan a bañarme hablando cosas que no entiendo. Sigo viendo borroso y escucho muy mal así que solo cierro los ojos intentando mantenerme despierta.
ESTÁS LEYENDO
El Legado De La Mafia
AcciónUn mundo, una historia, un legado. . Desde la creación de la mafia familias han dominado el bajo mundo durante generaciones. Mismas que cuentan con secretos oscuros, traiciones mortales y amores prohibidos que se entrelazan en esta apasionante histo...
