Capitulo 59

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Verdades que hieren.

Alissa.

Rusia nos recibe con un clima helado y la llegada al palacio es rápida.

Con prisa bajan a Lucas para subirlo a una camilla y llevarlo al laboratorio mientras Andrew lleva a su hijo a que curen su herida. Damian va tras ellos y Liam corre con su padre dejándome sola con James.

El me ayuda a bajar y dirige la vista Alfred quien termina yéndose.

—¿Que harás?.

Suspira y mueve su cuello soltando un gruñido.

—Primero debo traer a todos a un solo punto —contesta—. Nuestras madres pueden no correr con la misma suerte que nosotros.

—Pero... ¿Y nuestros padres?.

Irina es la única que conoce que ellos han vuelto y que las demás los vean será un golpe bastante fuerte.

—No hay tiempo de meditar eso —dice—. Este lugar es impenetrable y no quiero arriesgarme más. No sabiendo que pueden atacarnos en cualquier momento.

Asiento y dejo que me lleve hasta su habitación.

Me acuesto en la cama y muerdo mi labio por el roce con las heridas que aún no sanan, el ruso me observa a detalle y toma asiento a mi lado sujetando mi mano.

—Quedate conmigo. —musito—. Al menos un momento.

Quita sus zapatos y me acuesto sobre el apoyando mi cabeza en su pecho mientras acaricia mi cabello.

Inhaló su aroma y me concentro en el calor que emana de su cuerpo disfrutando su cercanía, sus brazos me envuelven y beso su cuello deseando quedarme así, para siempre.

Con el, con su amor y su protección.

—Te amo. —susurra.

Al oírlo apoyó mis manos en su pecho y me alzó para mirarlo con los ojos bien abiertos. Cada vez que lo escucho siento que mi corazón da un brinco y mi cuerpo se derrite.

—¿Me amas? —logro decir.

—Mas que a nada en éste mundo dulzura.

Sus ojos no se despegan de los míos y cuando esconde un mechón de cabello tras mi oreja tomo su cuello y aún con mis ojos en los suyos beso sus labios con vehemencia.

El ubica sus manos en mi cintura y me obliga a sentarme sobre su regazo mientras mis dedos se enredan en su cabello y mis labios no se despegan de los suyos.

Con cada beso defino a James como mi condena, mi verdugo y mi salvador, un imán al que no puedo resistirme, del que no puedo escapar, y tampoco quiero.

Es el fuego que arde en mis venas, mi destino irrenunciable, mi necesidad más grande, y no hay manera de separarnos sin que el otro se hunda en la oscuridad porque tenernos una necesidad latente, un pacto que firmamos apenas nuestros ojos se encontraron.

Es mi mayor necesidad, la mejor de las drogas y una adicción a la que no pienso renunciar.

Cuando intentó quitar su camisa el sujeta mis muñecas con delicadeza y suelta mis labios para mirarme.

—Sabes que no podemos. —musita.

Callo mirando al piso y el besa el dorso de mi mano con una sonrisa.

—Esto es una mierda —gruño.

La abstinencia sexual es mucho peor que cualquiera otra, y se supone que no puedo crear más adicciones pero con un ruso cerca no es una tarea fácil.

El Legado De La Mafia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora