Capitulo 30

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Amenazas.

James.

—Investiguen a ese bastardo.

Camino con el cólera a mil por el jardín. Dios, detesto tanto que sea tan buena persona y me encanta de igual forma. Loco, estoy loco, ¡Me volvió loco!.

Una llamada me interrumpe y mi malhumor aumenta cuando veo el nombre de Alfred en la pantalla, la última vez no resultó bien y dudo que esta sea la excepción.

—Mi señor.

—¿Ahora que sucede?.

—Tuvimos un inconveniente con la entrega de una mercancía señor, pero no se preocupe. —taja— Estoy investigando el responsable.

—Mantenme informado.

Problemas, problemas y más problemas. ¿Alguna vez este señor me dará una buena noticia?. Lo dudo, eso solo pasa en los cuentos de hadas.

Busco a Alissa y llegó hasta su habitación donde me recuesto en el marco de la puerta observando como coloca crema en su mejilla, y me cuestionó a mí mismo, sinceramente debí matarlo antes de que llegara.

—Quiero estar sola.

Susurra cubriéndose con las sábanas. Y no hago caso a lo que dice.

Cierro la puerta y quito mis zapatos con un puntapié para acostarme a su lado.

Ella se hace un ovillo en la cama y en cierta parte me causa ternura verla así, pero dicho sentimiento desaparece cuando escucho sollozos que intenta callar.

—Vete —insiste una vez más.

Sabe que odio las insistencias, y solo quiere provocarme para que me vaya.

Pero lamentablemente no lo voy a hacer, antes de pensar en lo de Alfred, Harry, Cedric, quien sea o lo que sea. Pensare en ella.

—James dije que te fueras.

Se quita la sábana y se levanta mirándome con los ojos llorosos, analizó su rostro y destacó los primeros sentimientos visibles.

Enojo, y Tristeza. Su pecho se mueve con rapidez y ahí me doy cuenta de otro. Ansiedad.

Poco a poco me acerco a ella y se mantiene quieta con los brazos cruzados.

No coopera y soy una persona de escasa paciencia, pero necesito que esté bien ya que no tengo idea de porque mierda me importa tanto. Aunque si, lo sé solo que, aún no utilizaré esa palabra.

—Ven.

Ella duda en acercarse pero termina haciéndolo.

Se sube a mis piernas y su cara la esconde en mi cuello soltando leves llantos, yo solo acarició su espalda y su cabeza intentando que se calme.

Quizás no debí decir eso cuando la vi con ese idiota. Pero desafortunadamente los celos es algo que no se controlar. Y no me interesa si es su mejor amigo, primo, hermano, jirafa o perro, me vale una puta mierda.

—El no es así —empieza—. Sus trastornos son algo delicados.

«Inhalar, exhalar y paciencia rogar».

—Si son tan delicados debe estar en un manicomio —suelto las palabras cortando el tema.

La abrazo y suspira desistiendo ante la idea de insistir. Su celular vibra una y otra vez hasta que se acerca y contesta la llamada.

El Legado De La Mafia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora