Capítulo 70

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Autos y navíos.

Alissa.

Despierto cuando siento una estampida de besos en mi rostro y río cuando empiezan a hacerme cosquillas.

—¡Ya basta! —digo en medio de risas.

James me suelta y besa mis labios con una sonrisa.

—Buenos días dulzura.

—Amaneciste de buen humor —musito—. Me encanta.

Besa mis labios otra vez.

—A mi me encantas tu.

Baja de la cama para irse a la ducha y sonrió apoyando la cabeza de la almohada. Me levantó y el dolor se extiende por mis piernas y debo apoyarme de la pared cuando los recuerdos me atacan.

«—Duro —gemi—. Duro y violento».

Respiró hondo.

—Joder.

Mi reflejo en el espejo me deja con la boca abierta, tengo moretones por todo el cuerpo, el cuello, parte de mis brazos y las manos del ruso marcadas en mis caderas.

Mordiscos en mis piernas, abdomen y pechos y rasguños en mis brazos.

«Por Dios».

James sale con una toalla en su cintura y goteando agua, me mojo solo con verlo pero muerdo mi labio controlandome, el ríe pasando la mano por sus labios.

—¿Admiras mi obra de arte?.

Lo aniquiló con la mirada y su risa me derrite.

—¡Joder James! —le gritó—. ¡No puedes dejarme tantas marcas!

Se acerca a mi destilando sensualidad lo cual me enloquece.

—Duro —me recuerda pasando el dedo por mis labios—. Duro y violento.

Lo empujó arrancándole una risa que me molesta aún más. Comienza a vestirse y yo voy al baño para ducharme.

Al salir ya no está por lo que bajo a la cocina encontrándome al italiano de ayer. Emilio me sonríe y lo saludo con la mano para tomar una manzana de la cesta.

—Hubo fiesta anoche. —rie.

Las mejillas se me calientan por la vergüenza y fulminó a James cuando con una sonrisa entra a la cocina.

—Andas muy feliz hoy Aliev —sigue el hombre—. Al parecer la fornicación te sienta bien.

El asiente.

—Claro que me hace bien follarme a mi mujer.

«Tan sutil».

El italiano ríe y yo me doy vuelta pasando las manos por mi rostro apenada, termino por subir una vez más sin verles la cara y con todo el maquillaje que puedo cubro las marcas más visibles.

Me escabulló por la sala hasta el estacionamiento donde están la colección de autos del ruso.

La puerta se niega a seder, el panel pide acceso y el recurdo de Liam llega a mi mente de golpe. Hay distintas fases, el lector dactilar, el ocular y el reconocimiento por voz para que las puertas puedan ceder.

¿Demasiado? No lo creo, en ese depósito hay una fortuna que no me extraña sea tan protegida.

—Con intentarlo no pierdo nada...

El Legado De La Mafia Donde viven las historias. Descúbrelo ahora