Estábamos todos agotados. La adrenalina se había filtrado por nuestros poros hasta dejarnos exhaustos. Sobre todo, a mí, que era la única que no tenía el entrenamiento que ellos habían recibido durante años.
Estábamos bien. Estábamos a salvo. Leo estaba vivo. Mario estaba vivo, y el teniente también. Todos lo estábamos y en vez de sentir alivio, lo que sentí fue una gran inquietud.
Mario condujo durante todo el trayecto de vuelta. El camino era diferente a aquel por el que habíamos llegado, por lo que no fue difícil deducir que habían estado planeando en mi ausencia y la de Leo cambiar de ubicación, para mayor seguridad.
La nueva mansión lo tenía todo. Un terreno amplio, rodeado de pinos, ballado con verjas que protegían los alrededores de miradas indiscretas e intrusos. No sabía de quién o de qué bando era aquello, pero algo estaba claro: el teniente y los Mencía estaban de acuerdo por primera vez en mucho tiempo en que debíamos quedarnos allí. Juntos.
Juntos, mierda.
Leo no había abierto la boca durante todo el trayecto, en realidad ninguno lo hizo. Y aún así fue como si lo dijeran todo. Sabía que no estaban contentos con mis decisiones dentro de la mansión del Ruso. Les conocía lo suficiente como para saber que Mario y Morgan me guardaban una reprimenda, mientras que Leo no había apartado la mirada de mí durante todo el trayecto. Me observaba con curiosidad y una sonrisa ladeada de la que no me fiaba en absoluto.
En realidad, ya no sabía de quién debía fiarme. Solo sabía que había odiado cada maldito segundo en el que pensé que podría haberle pasado algo.
Cuando llegamos, Leo y Mario me condujeron hacia el interior de la mansión, flanqueándome uno por cada lado, mientras el teniente iba delante de nosotros, abriendo paso y comprobando que teníamos vía libre.
Sentía la pesadez de mis pasos y el sudor en el que estaba cubierta. Dioses, necesitaba una maldita ducha.
El interior era como un castillo: lámparas de cristal, alfombras subiendo los suelos, y unas monstruosas escaleras dándonos la bienvenida para acceder a la parte superior, donde estaban las habitaciones. Hubiese sido una visión agradable sino fuera por la víbora que las bajaba.
-Vaya, la damisela en apuros ha vuelto -dijo Mara mirándome.
-Si lo dices por mí estoy de acuerdo contigo -contestó Leo guiñándola un ojo -. Compórtate bien Mara, Lina me ha salvado el culo. En realidad, nos lo ha salvado a todos.
-¿No lo tenías todo controlado? - preguntó ella, en una evidente referencia a lo que yo había pasado por alto. Que Leo se había infiltrado y que tenía un contacto que le mantenía a salvo desde dentro. Ilchenco.
Mario se adelantó para hablar mientras nos observaba a todos con seriedad.
-Este idiota no tenía nada controlado. Si no llega a ser por Lina le hubiesen matado. A Ilchenco se lo cargaron y el siguiente hubiera sido él.
Mara me miró sorprendida, y creo que pude ver algo de reconocimiento en sus ojos. No, no podía ser, estaba delirando.
-Bien, ¿Habéis acabado? -dijo Morgan. Estaba claro que estaba enfadado -. Quiero darme una maldita ducha. Escoged la habitación que queráis -les dijo a los Mencía. - Y tú te vienes conmigo. - Sentenció mirándome.
-Y una mierda -respondieron Leo y Mario a la vez.
Suspiré, cansada de esta situación y de que se repitiera la historia que había vivido hacía unos meses en la casa del bosque. No les di tiempo a seguir diciendo idioteces. Necesitaba una ducha y la necesitaba ya.
Subí las escaleras, ignorando lo que estaban diciendo, y me metí en la primera habitación en la que no había rastro de las pertenencias de nadie más. Pasé de largo, evitando ver la maravillosa cama King size que me espera y me metí en el baño quitándome la ropa por el camino y encendiendo el agua caliente. Mientras esperaba a que el agua se calentara, observé el rostro que me devolvía la mirada en el espejo. Era yo, pero a la vez no me reconocía. Esta versión de mí misma, arriesgada, determinada y ..... Me metí en la ducha, ahogando un gemido ante el calor abrasador del agua. Me ardía la piel, pero eso era bueno. El dolor me evitaba recordar por qué me sentía tan inquieta. Por qué había dos palabras que no se iban de mi maldita mente. Y por qué ese estúpido no nos retuvo cuando pudo.
Sabía que Leo estaba pensando lo mismo, pero ninguno de los dos lo había mencionado. El ruso nos había dejado marchar, y nosotros aún no teníamos las claves de aquel juego peligroso al que estaba jugando con nosotros. Necesitaba tener las malditas claves. Y las respuestas.
Estaba tan alterada cuando entré de la ducha no me había percatado de que no tenía nada de ropa. Sabía que ellos habrían pensado en todo aquello, así que no me preocupé más de ello. Al día siguiente tendría ropa nueva seguramente en algún cajón de la cómoda que vi al entrar. Cogí la primera toalla que encontré y me cubrí el cuerpo con ella mientras salía.
Tal vez la adrenalina aún no había desaparecido del todo, ya que el cuerpo me ardía. Sentía la respiración acelerada y estaba tan metida en mis pensamientos que no fue hasta que levanté la vista del suelo cuando me di cuenta de que no estaba sola, y de que en este puñetero y atípico grupo no sabían lo que era la maldita privacidad.
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Hola!!! Mil perdones por la tardanza y por las horas.
Últimamente hay muchas nuevas personitas por aquí, así que quería retomar la historia con una breve capítulo que sirviera de enlace para todo lo que se viene....
Si os ha gustado no dudéis en votar y dejarme vuestras opiniones. Ya sabéis que siempre digo que darle a la estrellita es el motor que mantiene viva esta historia.
Besos mafiosos!!! jejejej Nos vemos en el prox capítulo.
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Cuando me encuentres (II)
Romance-Bien, cuando me recuerdes Lina... -Hizo una pausa tratando de coger el aire que le faltaba. Que nos empezaba a faltar a los dos -quiero que lo hagas como la bestia que ves ahora, porque eso es lo que somos.
