25

12 0 0
                                        

LARISSA

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

LARISSA

Observo como mamá pica las verduras con demasiada devoción. Quiere hacer una ensalada. Ver su desempeño en la cocina me hace evocar los recuerdos que tengo de ella, siendo mi madre. No siendo una heredera rechazada, sino siendo ella. Cumpliendo ese papel que últimamente me hace feliz y a la misma escala me atormenta cuando pienso que yo también tendré que darle vida a ese papel.

La miro con una admiración increíble, por que recuerdo que siempre fue amorosa y comprensiva con nosotros. Recuerdo la forma en que nos consolaba cada que nos lastimábamos, diciéndonos que es pasaba para que nos consintiera más, pero tambien para que aprendiéramos a levantarnos fuertes, mas fuertes de lo que éramos antes de la caída. Y me pregunto si yo llegaría a ser la mitad de madre que ella ha sido.

—Cariño, ¿pasa algo?— su voz calmada que siempre la ha distinguido, me lleva a dirigirle la atención.

Hoy se tomó el día libre, a petición mía. Necesito de ese tipo de afecto que solo ella es capaz de propiciarme, porque siento que lo que me pasa es algo que solo ella puede ayudarme a sanar.

—No pasa nada, estaba recordando como me cuidabas— me sincero con ella.

—Oh, cariño— exclama llena de cariño acercándose a mi hasta abrazarme— y lo voy a seguir haciendo— la determinación adueñándose de su voz y le creo.

Gracias. No me atrevo a pronunciar esa palabra pero se que lo siente.

—Ven ayúdame con los tomates— me da un beso en la sien antes de volver a lo suyo.

No me queda de otra que ponerme de pie. Si quiero ser tan buena madre com ella, tengo que aprenderle todo.

—¿Cómo fue criarnos?¿fue difícil?— dejo que las preguntas salgan mientras pico los tomates.

Sus ojos me escrutan con curiosidad o con asombro por mis banales preguntas.

—Bueno...fue un proceso lleno de emociones, pero sobre todo de aprendizaje. Aveces me estresaba lo llorones que podían llegar a ser— relata divertida— recuerdo que una vez estábamos en una casa de campo y ustedes tres desaparecieron un tiempo considerable, no me preocupe porque siempre que íbamos hacían eso, pero ese dia cuando regresaron cada uno traía una serpiente recién nacida en sus manos. Casi me muero del susto.

Dejo de picar para reírme con ganas. ¡Joder! Que mierda teníamos en la cabeza.

—En ese momento gritaba como una loca llamando...llamando a tu padre, porque yo no podía acercarme por el terror que le tenia a esos bichos— reconozco ese brillo en sus ojos zafiro pero no interrumpo— claramente el vino a su rescate pero ustedes le alegaban que había que buscar a su madre. En fin todo termino en regaños y en que yo superara parcialmente ese miedo.

—Dios, que paciencia nos tuvieron— exclamo llena de diversión. Internamente estoy pidiendo a todo lo que exista en el cielo que ese bebé no sea tan terrible como nosotros, pues no creo contar con ese tipo de paciencia sin fondo.

DINASTÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora