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LARISSA

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LARISSA

Han pasado cuarenta y ocho horas desde que vi a mis amigos. A partir de eso todos hemos estado ocupados investigando las coordenadas que había encontrado, sobre el posible lugar donde se encontrarían las únicas muestras de la creación de la droga o gas más letal que ha existido hasta ahora.

Esto tiene que ser algo de tres, solo tres personas pueden saberlo, porque son los que me ayudaran en este pequeño operativo si se llega a confirmar su ubicación.

Mantener a todos los demás a raya, es un verdadero dolor en el trasero. Así que tengo que mantenerlos lo más ocupados posible si no todo se irá a la mierda.

El máximo jerarca ya advirtió que no puedo involucrarme en casos así, casi siento lastima por los centinelas que me vigilan pero es algo que necesito y el también, si logro conseguirlo sin que me maten entonces todos habremos ganado y no habrá sanción alguna.

—¡Más fuerte!— me grita mientras me enfrento a un oponente más alto, fuerte y corpulento que yo.

—¡Muévete rápido!— vuelve a gritarme.

Hago lo que me pide, me muevo más rápido y golpeo tan fuerte como puedo, dando golpes certeros que no lo hacen ni trastabillar a mi oponente.

—Piensa rápido y muévete. ¡Muévete!— ordena casi como si estuviera en peligro de muerte.

A estas alturas me estoy moviendo por pura fuerza de voluntad por no querer ser golpeada y mi capacidad de análisis en combate esta a punto de arrojarme un fallo pero mi memoria le gana cuando unos recuerdos me invaden diciéndome como moverme, tan pronto como su puño se acerca a mis costillas.

Me vuelvo un poco más rápida y logro con una patada darle a la altura de su oreja.

—¡Ya lo tengo!— le devuelvo el grito un poco aliviada por ganar un poco de terreno.

No se de donde se como es que me he movido de esa forma, mi cuerpo se mueve solo. Soltando patadas por todos lados...especialmente en sus puntos vulnerables, sigo moviéndome de una forma tan ágil que me desconcierta de cierta forma.

—Sigues moviéndote muy lento.

Tiene que ser una jodida broma, si siento que me muevo más rápido que nunca.

—Claro que no— me ofendo.

—No estas siendo ni la sombra de lo que eras antes— escupe con amargura.

Me deja estupefacta esa verdad que suelta y solo logra frustrarme y enfurecerme más de la cuenta.

—Esa versión ya no existe— sentencio.

—Si no lo derribas en menos de un minuto, entrare yo— me amenaza

—Mierda— murmuro.

Intento encontrar una forma de noquearlo rápido o seré yo la noqueada <<déjame salir>> reclama lo que creo que es mi conciencia.

DINASTÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora