Ella es la representación de poder, vendetta y manipulación. Es la reencarnación de todo lo sanguinario y despiadado. Es la perfecta fusión de la monarquía y la mafia entera.
Ya está escrito en el libro negro que se iniciará una guerra infernal ent...
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LARISSA
Llevo pidiéndole a lo que sea que exista en el cielo, que me ayude a soportar intenso dolor que a dominado todo mi cuerpo.
Ayer me dieron una paliza de formas indescriptibles. Repetirme cada dos por tres que el dolor es mental, me ha servido tanto como un bolígrafo en medio del mar. Asistir a clases con un dolor así es imperdonable, si no estuviera aquí tendría más privilegios y todos fueran estúpidamente permisivos pero la buena vida también tiene sus contras, por eso estoy aquí separada de mi familia.
Se que mi suerte no mejorará, por eso tengo que crearme mi propia suerte. Una que nazca en mi y se extienda a los demás, pero primero tengo que deshacerme de mi perseguidor. Porque aunque me rindiera, el igual acabaría conmigo para alardear de un poderío que nunca merecieron, que nunca nadie quiso ceder y aún a si lo tiene y me ha quitado mucho. Esta vez me niego a perder lo poco que me queda.
Aprovechando que estoy en la biblioteca estoy redactando peticiones como requisitos fundamentales para que mis hermanos puedan sucederme llegado el momento, es un secreto a voces que me han cedido el poder con el afán de mantenerme protegida, sin embargo eso no dio frutos, por ese motivo esta vez lo dividiré en tres partes que al final terminaran siendo una misma.
Solo tengo que convencerlos, ahora que he visto que cada uno esta trabajando por separado y que lo han estado haciendo excelente, se que no habrá inconveniente si nos adueñamos de dos monarquías más.
—¿Por qué estamos aquí escondidos?— la voz de Alan mientras se sienta frente a mi, me hace dar un brinco.
—No estamos escondidos.
—Como digas.
—Aquí hay tranquilidad.— me escuecen los músculos.
—Como digas.
Que mierda le sucede ahora, sino es una cosa es otra y entre las cosas de la universidad juro que voy a colapsar.
—¿Qué tienes?— pregunta.
—Nada, solo estoy cumpliendo con obligaciones.
El muy maldito se sorprende, las ganas de tener mis privilegios de regreso empiezan ha aumentar. Con una petición mía ya estaría muerto.
—No estoy de humor para soportar tus ridiculeces.— estoy a poco de llegar a mi límite.
—¿Te ayudo en algo?— ¡boom!.
—No, joder no quiero ayuda en nada.— exploto.
—Ok.— ahora se hace el indiferente.
—¿Qué diablos te pasa?— termino por exasperarme más de la cuenta.
—No es normal que estés muy callada y quieta, así que asumo que te traes algo entre manos.
Con que era eso lo que lo tenía preocupado y ya que el lo acaba de preguntar, estaría bien decirle lo que también será aplicado o exigido en el también.