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LARISSA

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LARISSA

Maldito. Ese hombre es un completo maldito, un desgraciado. Cuando terminamos el acto, cuando por fin le di todo lo que buscaba y con ello mi liberación, no hizo otra cosa mas que vestirse y largarse, así sin más. Sin ninguna explicación de quien es o de porque se cree que tiene derecho sobre mí, porque antes de que siquiera formara la primera pregunta él se largó.

Y ahora aquí estoy en ginecología, esperando a que sea mi turno, porque ese desgraciado me desgarro completa o al menos eso pienso, después de que se fuera me vestí y entonces note la sangre que salía de esa parte de mí. Me duele toda esa parte y el ardor de mis nalgas no me provocan otra cosa que no sea que a cada rato me este removiendo en el asiento presa del dolor y de la incomodidad.

Mientras espero me tomo el tiempo de revisar los informes que pedí, reviso detalladamente cada hoja, frase y párrafo. Sin pasar por alto ni una sola coma. Todo lo que se detalla en estas hojas es caótico, surreal, porque nada de lo que está escrito aquí lo recuerdo, no recuerdo nada de eso.

Acaso yo soy la mentira o vivo en una mentira.

El llamado de la ginecóloga me obliga a guardar todo. Recordándome que tengo que ir un problema a la vez, pero últimamente se me vienen todos encima.

—Cuéntame Larissa, ¿qué te trae aquí?— Cristine es la primera en hablar y a pesar de no ser la primera vez que vengo a consulta me apena un poco.

—Mm...pues...

¡Por dios! No es algo de otro mundo, estoy segura de que no soy la única a la que le pasan estas cosas ¿Cierto?

Cristine me da la misma sonrisa, esa que me dice que todo va ha estar bien, que no tengo que apenarme de lo que sea que voy a decirle y esto como todas las otras veces se la digo rápido.

—Tuve relaciones y creo que me rompieron— lo suelto todo sintiendo un peso menos.

El asombro le toma todo el rostro y la entiendo, carraspea y cuadra los hombros, dandole un aire más profesional.

—Tendría que evaluarte para verificar si eso es lo que sucedió.

Comunica y yo solo atino a mover la cabeza en una señal de si.

—Tendrás que prepararte para revisarte.

Recuerda, a la vez que llama a una enferma para que me guíe al cuarto donde me revisara.

La amable enfermera me guía, voy a su lado y tomo mi bolso con fuerza mientras ella explica que debo retirarme la ropa y como debo recostarme en la camilla, no le digo que ya se eso, pues prefiero dejar que haga su trabajo y no interrumpirla. Se ve un poco nerviosa. La enfermera sale y hago todo lo que me indicó y con la bata ya puesta espero a la doctora.

—Muy bien revisemos que paso ahí— habla relajada y es justamente lo que no siento yo.

No puedo relajarme teniendo tantas cosas en la cabeza, tengo mucho que pensar y analizar, pero me asusta no saber como debería actuar. Para rematar sigo sintiéndome incomoda por el dolor y la hinchazón.

DINASTÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora