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DAVINA

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DAVINA

Estoy saliendo de la peluquería, pero el sonido de mi celular me trae a la realidad con mensaje de Zac.

Zac: ¿Iras a esa cita?

Yo: si, estoy de camino

Zac: no iras.

Yo: ¿Quién?

Zac:

Yo: te preguntó JAJA

Llamada entrante, leo su nombre y solo puedo pensar en que esto será divertido.

—¿Si?—digo.

— ¿Te crees muy graciosa?—cuestiona irritado.

—Si y voy tarde a mi cita, bey—respondo antes de cortar la llamada.

Acabar con su paciencia es mi actividad favorita, el no soporta la idea de verme con otro hombre que no sea el, pero tampoco es capaz de aceptar lo que siente y ser mi hombre, sin darse cuenta me ha convertido en su debilidad y puedo sentir algo de lo que seguramente ha sentido mi amiga toda su vida. Protección.

El celular vuelve a sonar dejando su nombre a la vista.

—Si me vas a decir que cero besos, tranquilo es solo sexo— hablo antes que el y casi puedo ver la cara que hace. Debe estar al borde de la locura por la rabia que siente ahora, pero el se lo busco.

—Ni se te ocurra Davina—amenaza. Mi nombre se escucha mejor cuando el lo pronuncia.

—Sabes no me importa y ad...—pero el sonido de un auto frenando de golpe y un golpe seco la interrumpe.

—¿Qué fue eso?—pregunta.

Nadie responde.

—¡Davina!—distingo la preocupación en su voz y no la escucho más, pues un hombre termina la llamada al quedar a lado de mi cuerpo que yace en el suelo.

Escucho una voz familiar que pregunta por mi, pero no puedo hablar, veo como el sol queda cada ves más lejos de mi y escucho como repiten una y otra ves algo que tiene que ver con Larissa. Hay muchas voces a mi lado, no logro entenderlas y mi esfuerzo por permanecer despierta es un caso perdido.


Han pasado tres horas desde que tuve el accidente, durante todo el camino al hospital mi mente me recordaba el sonido de aquella voz

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Han pasado tres horas desde que tuve el accidente, durante todo el camino al hospital mi mente me recordaba el sonido de aquella voz. Y divagaba sobre el hecho de que hace poco el empezó a recordarme.

Trato de abrir los ojos, pero no puedo, la luz me obliga a cerrarlos por un momento, me siento mareada y me duele la cabeza.

—¿Dón...dónde...es....toy?—le pregunto a la chica que esta a mi lado, mientras me toco la cabeza—¿qué me paso?¿por qué tengo una venda?—interrogo preocupada por no saber que me paso.

—En el hospital central, tuvo un accidente—me dice amablemente—todo esta bien a excepción de su frente, tiene cuatro puntos—me informa, recibiendo un asentimiento de mi parte.

—Sus hermanos están afuera, en un rato podrán pasar—avisa con una gran sonrisa.

— ¿Eh?—digo.

— ¡Hermana!—exclaman los desconocidos llamando mi atención.

—Los dejo—dice la enfermera antes de irse sin darme la oportunidad de delatar a estos farsantes.

—¿Quiénes son?—interrogo.

—Yo soy Artemy—dice el peli negro y creo que ya lo he visto antes, me es muy familiar.

—Y yo soy Dante— se presenta el de pelo castaño claro casi rubio con una sonrisa malévola.

—Que feo nombre—me burlo del segundo, grave error, porque presiona mis costillas causándome un dolor infernal. Mis alarmas de peligro se disparan y se que debo estar alerta, pues ellos no están jugando y ni hablar del casi rubio.

—¿Por qué le hiciste eso a Larissa?—pregunta.

—No se de que hablas—respondo aun con dolor.
Vuelve a presionar esa zona haciéndome retorcer del dolor y dejándome casi sin aire por la presión que hace.

—No se de que hablas—digo llorando—no se que pasa con ella—soy sincera.

DINASTÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora