No me perteneces

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Regina apretó la mandíbula cuando sintió otra punzada en su vientre. No era dolor, solo una presión incómoda. Sabía que el estrés no le hacía bien ni a ella ni al bebé, pero ¿Cómo evitarlo cuando Snow y Emma estaban atrapadas en otro reino y todos esperaban que ella resolviera el problema con su magia?.

David, concentrado en los mapas frente a él, no notó su incomodidad hasta que ella se apoyó contra la mesa, exhalando con cansancio.

— ¿Estás bien? — Preguntó con el ceño fruncido

Regina lo miró y, por un momento, pareció mentir. Pero no tenía sentido.

— Estoy embarazada, David. No enferma — Replicó con un déje de sarcasmo.

David suspiró, apoyando las manos en la mesa.

— Lo sé. Pero también sé que llevas horas de pie sin descansar.

Ella chasqueó la lengua.

— Perdemos tiempo discutiendo sobre esto. Necesitamos encontrar a Snow y Emma, eso es lo que te interesa

— Y también me importa cuidar de mi bebé —Dijo David, mientras dirigía su mirada a la pancita de Regina

— La magia que necesito para abrir un portal requiere más poder del que tengo ahora. Puedo intentarlo, pero no garantizaría que funcione — Regina se cruzó de brazos, pero cuando sintió el peso de su vientre, cedió y se sentó — Esto es muy complicado

— Entonces encontraremos otra forma. Juntos — La palabra se deslizó de sus labios sin querer, desde que había pasado lo de Daniel que vivía en la mansión y no era difícil caer en los viejos hábitos, había estado casado con ella por años y ahora ella estaba esperando su bebé. Regina no pudo evitar soltar una risa amarga

— Curioso cómo sigues diciendo eso, como si todavía fueramos

— No lo somos — Interrumpió con firmeza — pero este bebé es real. Y pase lo que pase, voy a estar aquí

Regina lo miró fijamente. No podía confiar en muchas personas, pero David, David siempre había sido el hombre que ponía a los demás primero, sin importar el caos. Era algo que le gustaba y le disgustaba del príncipe.

— Bien — Suspiró ella — Entonces, ¿Cuál es el plan, "príncipe encantador"?

David sonrió levemente antes de inclinarse sobre el mapa.

— Primero, encontramos otra fuente de magia. Y después, traemos a mi familia de vuelta.

Regina bajó la mirada a su vientre, acariciándolo sutilmente. David estaba agotando todos los recursos para traer a su esposa de vuelta y ni siquiera sabía que papel iba a jugar su bebé en la vida del príncipe.  Y eso daba más miedo que cualquier maldición que pudiera lanzar.

.

La reina estaba sentada en el sofá con los pies descalzos apoyados en el regazo de David. La lluvia golpeaba suavemente las ventanas, llenando la habitación con un sonido relajante. La chimenea crepitaba, y el calor del fuego le hacía sentirse aún más cómodo.

David masajeaba sus pies con movimientos lentos y cuidadosos. Desde que su vientre comenzó a crecer más lo hacía diario, asegurándose de que ella estuviera lo más cómoda posible.

— Mmm — Regina cerró los ojos y suspiró — Si sigues haciendo eso, puede que nunca te deje levantarte de ese sofá. — David sonrió divertido

— Ese es el plan — Ella abrió un ojo y lo miró con una sonrisa pícara

— ¿Y qué pasa si necesito algo de la cocina? — David se encogió de hombros

— Me suplicarás, y yo, siendo el hombre maravilloso que soy, iré a buscarlo — Observó a Regina rodar los ojos, pero su sonrisa se mantuvo

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