Maldición de sueño

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Tanto Regina como Henry y David, habían estado buscando la manera exhaustiva traer de vuelta a Emma y Mary Margaret, pero nada era suficiente. Al dar un paso retrocedían tres y que Henry se lastimara en la habitación de fuego tratando de hablar con Aurora, era algo que tanto Regina como David no iban a permitir.

— Tu esposa y Emma desaparecerán — desvió su mirada a Regina — y entonces, el gran monstruo habrá ganado.

— Aurora no está ahí — no supo como se puso de pie tan rápido con el peso extra de la bebé — ¿Qué sentido tendría enviarlo de nuevo a ese infierno si no hubiera alguien ahí que reciba el mensaje?.

David caminaba en círculos en un pequeño espacio con las manos en la cintura, pensando en una solución para no exponer a su nieto al peligro nuevamente.

— Porque alguien más va a estar ahí — se giró mirando a Regina, con los ojos llenos de esperanza.

— ¿Nieves? — soltó con desdén, seguían en una montaña rosa emocional y durante los últimos dos días se la habían pasado discutiendo.

— Seguro.

— ¿Esa es nuestra mejor opción?.

— Ella estuvo ahí antes y sé que volverá, sé que puede hacerlo. Sé que vendrá.

— ¿Tú irás a la oscuridad? — preguntó con un atisbo de ironía en su voz, mientras cruzaba los brazos.

— Estuve casado contigo, no va a ser tan malo.

Regina no supo que responder, las palabras de David la atravesaron como un cuchillo recién afilado. La niña dentro de ella se movió, dando una pequeña patadita, haciendo que Regina se llevara una mano a la zona donde la bebé había pateado. Estaba paralizada después de esas palabras, pero no podía mostrar que le habían afectado más de lo que quisiera porque Gold la estaba mirando esperando una reacción de debilidad.

— No es tan simple hacer eso. Nadie llega ahí. NO has sufrido un hechizo de sueño.

— Bueno, lanzame un hechizo.

— Si hago eso, puede que no despiertes jamás.

— Claro que lo haré, cuando esté junto a ella, sé que estaré bien. ¿Qué estás esperando? Es hora de recuperar a mi esposa, he pasado mucho tiempo buscándola.

— Ven aquí.

Regina no le da tiempo de reaccionar a David y lo saca de dónde estaban para que Henry y Gold no puedan escuchar lo que va a decirle.

— ¿Estás completamente loco?

— No tengo otra opción. Snow está atrapada en otro mundo y esta es la única forma de hablar con ella — Se defiende ante la acusación de su "esposa".

— ¿Y qué? — da un paso al frente — ¿Vas a lanzarte al maldito sueño eterno sin saber si vas a despertar? ¿Dejarme aquí con Henry y con la bebé?.

— No estoy dejándolos, Regina. Estoy tratando de traerlas de vuelta. Esto es por Emma, por Snow por todos nosotros.

— ¿"Todos nosotros"? — se ríe sin humor — No te atrevas a incluirme en esa frase como si siguiera siendo tu esposa. Porque cada vez que te conviene, me recuerdas que soy la bruja que arruinó tu vida. Pero ahora, cuando necesitas una maldición, ¿Sí soy parte de tu familia? — se lleva una mano al vientre acariciándolo inconscientemente  — Estoy embarazada de tu hija, David. ¿Te has detenido siquiera a pensar en lo que pasaría si no despiertas? ¿Si ese beso de amor verdadero nunca llega?

— ¡Claro que lo he pensado! ¿Tú crees que me gusta esta idea? ¡Snow me necesita!.

— ¿Y yo no? ¿Nuestros hijos no? — hace una pausa, la voz más baja — No es la primera vez que decides sacrificarte sin pensar en lo que dejas atrás — sabe que no debió decir eso, pero sabe que David captó que le echó en cara haber puesto su hija en un árbol y mandarla a Maine, su mandíbula está tensa. Por un momento, parece que va a decir algo, pero se contiene — Esta bebé no es una maldición, David. No es un error. Y no quiero criarla sola, ella merece conocer a su padre.

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