Enfrentamiento

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El antojo había sido más fuerte que el miedo. Una hamburguesa de Granny's, con queso cheddar derretido y pan crujiente, se había convertido en una obsesión que ni siquiera la palpable hostilidad del pueblo podía disuadir. Además, Henry estaba con ella, y algo en su interior se negaba a vivir escondida de su propio hijo.

Caminar por la calle principal con su vientre de seis meses evidente bajo un sencillo vestido fue como cruzar un campo de batalla silencioso. Las conversaciones se apagaban a su paso. Las miradas, antes llenas de un temor resignado, ahora destilaban una mezcla de desconfianza y reproche. Eran libres, y con la libertad había llegado el valor para mostrar su desprecio.

Henry, a su lado, apretó su mano con fuerza, consciente de la tensión. "No les hagas caso, mamá", susurró, con una valentía que le partía el corazón.

Al entrar en Granny's, el silencio fue aún más estridente. Todas las cabezas se volvieron hacia ellas. Leroy, sentado en la barra, resopló y giró su silla, dándoles la espalda. Archie Hopper, en una cabina, bajó la mirada incómodo hacia su taza de café.

Ruby, detrás de la barra, se quedó paralizada con una jarra de café en la mano, su rostro una máscara de conflicto.

— Una mesa para dos, por favor — Dijo Regina con una voz que sonó deliberadamente clara y serena, la voz de la alcaldesa, no de la acorralada.

Ruby asintió, torpemente, y les indicó una mesa en un rincón, lejos de la mayoría de los clientes. Caminar hasta allí sintiéndose observada por docenas de ojos fue una de las cosas más difíciles que Regina había hecho en su vida.

Se sentaron. Henry hojeó el menú, fingiendo una normalidad que no existía. Regina mantuvo la cabeza en alto, mirando por la ventana, pero podía sentir el peso de cada mirada clavándose en su nuca.

— ¿Están bien? — Preguntó Ruby al acercarse, con un susurro incómodo. Su mirada bajó al vientre de Regina por una fracción de segundo.

— Perfectamente — Respondió Regina, con una sonrisa tensa — Yo tomaré la hamburguesa clásica con queso. Y para el niño, unos panqueques.

— De acuerdo — Asintió Ruby, y se retiró casi a la carrera.

El ambiente seguía cargado. Se oyó el sonido de una taza al chocar contra el plato, demasiado fuerte. Un murmullo sordo comenzó a crecer a sus espaldas.

— ...no debería estar aquí..., ...después de todo lo que hizo..., ...y encima con el niño..."

Henry la miró con preocupación.

— Está bien, cariño — Lo interrumpió ella, poniendo su mano sobre la de él — No pasa nada.

Pero sí pasaba. Cada susurro era un alfilerazo. Cada mirada de desprecio, un recordatorio de que por más que intentara cambiar, para ellos siempre sería la Reina Malvada. La que había robado sus vidas. La que, en su opinión, no merecía la paz que estaba tratando de construir.

En ese momento, la campanilla de la puerta sonó y entró David.

La atmósfera se volvió eléctrica. Todas las miradas saltaron de Regina a él, esperando el enfrentamiento. David se detuvo en seco al verlas. Su expresión era inescrutable, pero sus puños se apretaron a los lados.

Por un instante eterno, Regina pensó que se acercaría. Que tal vez, frente a todo el pueblo, diría algo. Que preguntaría por ella, por la bebé.

Pero no lo hizo.

Su mirada se encontró con la de ella por un segundo, un destello de algo que pudo ser dolor o vergüenza, antes de desviarla. Con el mentón firme, se dirigió a la barra, se sentó en un taburete y pidió un café para llevar, ignorándolas por completo.

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