Continente Demoníaco – País: LARANOI
Ubicado al norte del continente occidental, el Continente Demoníaco se alza como una vasta extensión de tierras frías y áridas, cubiertas por un cielo gris perpetuo y envueltas en un silencio tan denso como inquietante. Aunque muchos lo tachan de sombrío y peligroso, no es tan distinto de su contraparte occidental, cuna de naciones prósperas como Draconis, Vesperia o Vernoa.
En sus territorios también se levantan ciudades, florecen gremios y se exploran mazmorras repletas de secretos. Sin embargo, hay una diferencia crucial que marca el pulso de la vida aquí: la caza es mutua.
La caza de monstruos es el pan de cada día. Aventureros, mercenarios y guerreros se ganan la vida enfrentándose a las bestias que acechan en la oscuridad... pero también deben mirar siempre por encima del hombro. Porque en estas tierras no solo se caza por sobrevivir: también se es cazado.
Los llamados Saqueadores de Almas —seres crueles, implacables, y algunos ni siquiera humanos— vagan por los caminos y túneles profundos, acechando a los incautos. Roban algo más que objetos o riquezas: toman la esencia misma de los vivos, dejando cuerpos vacíos y miradas sin alma.
Y aunque muchos insisten en que este continente es el refugio secreto de los demonios, una de las nueve grandes razas, la verdad es mucho más compleja. Laranoi, uno de sus países más conocidos, no se distingue tanto por su raza dominante como por su brutal código de supervivencia.
Aquí, la fuerza lo es todo. La lealtad es frágil. Y los nombres de los caídos rara vez son recordados.
Laranoi destacaba por su arquitectura de esencia oriental. Sus calles estaban flanqueadas por templos de piedra negra, pagodas que se elevaban con gracia entre jardines de cerezos y lagos cristalinos, y murallas talladas con antiguos símbolos que databan de una era anterior a la humanidad. Era un lugar donde tradición y peligro caminaban de la mano. En sus pueblos, los samuráis aún eran vistos como guardianes de la ley, y las artes marciales se enseñaban con el mismo fervor con el que se estudiaba la magia.
Sin embargo, entre todo ese esplendor también residía una oscuridad constante. Laranoi era refugio de muchos que habían sido rechazados por otros reinos. Demonios errantes, mercenarios sin patria, saqueadores de almas. Estos últimos, especialmente, representaban una amenaza constante. Nadie que fuera atacado por ellos recordaba sus rostros, sus voces o siquiera cómo había sobrevivido. Para la corte real, eso se volvió un problema sin precedentes.
Pero ni los saqueadores ni los cazadores eran considerados la verdadera amenaza. En los últimos años, un nombre se comenzó a susurrar con creciente temor: el Culto Dragón.
No se sabía de dónde provenían. Un día, simplemente aparecieron, apoderándose de una antigua fortaleza en ruinas cerca del abismo de Kazhun, un lugar que ya de por sí estaba maldito por leyendas antiguas. Desde entonces, todo aquel que se acercaba a la fortaleza desaparecía sin dejar rastro. No quedaban cuerpos. No quedaban objetos. Solo un silencio inquietante.
Lo que resultaba aún más perturbador era que, de forma inexplicable, algunos miembros de aquel culto comenzaron a registrarse como aventureros en diversas ciudades de Laranoi. Nadie podía reconocerlos. Nadie podía recordar sus rostros. Pero hubo una excepción. Una figura que rompió ese patrón y que, hasta el día de hoy, es recordada con precisión.
Su nombre era Gaciel.
De apariencia inofensiva, Gaciel era una niña de cabellos rubios como hebras de oro y ojos perpetuamente entrecerrados, como si viviera en un eterno letargo. A diferencia de los demás, su presencia no se ocultaba, y a menudo se la veía pasear por las calles de Laranoi, siempre acompañada de tres encapuchados que jamás hablaban. Su comportamiento era extraño, casi errático.
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Kegare no Yuusha
FantasyKamazuki Reiji, un joven que perdió a sus padres a una edad muy temprana, halló en su hermana la única razón para seguir adelante a pesar de una vida llena de sufrimiento. Sin embargo, su vida terminó abruptamente en un trágico accidente de tráfico...
