-¿Entonces... eres una princesa?
La pregunta de Trynita flotó en el aire mientras avanzábamos por un sendero polvoriento, rodeados de un paisaje que parecía sacado de un sueño. El aroma fresco de la naturaleza llenaba mis pulmones, mientras la vista se perdía en un mar de campos que se extendían hasta donde la mirada alcanzaba. Árboles frutales de especies que jamás había visto se alineaban a los lados del camino, sus ramas repletas de frutos brillantes y coloridos. Las enredaderas formaban un túnel verde sobre nosotros, creando una atmósfera misteriosa y acogedora.
A mi lado, Donna Kasnarick caminaba con paso firme, su rostro ligeramente enrojecido por la vergüenza. Romina, con la cuerda del wyvern en la mano, tiraba suavemente del animal, que caminaba pesadamente, casi tan agotado como nosotros por la huida apresurada. Habíamos salido de una situación realmente complicada, y fue gracias a Donna que conseguimos escapar.
-Mm... sí -respondió Donna, casi susurrando-. Pero preferiría que no lo dijeran en voz alta. Se supone que no debo estar aquí.
Sus palabras se perdieron en el viento, pero la tensión en su voz era clara, como si el peso de su título fuera algo que deseara dejar atrás por un momento. Trynita, siempre tan curiosa, no pudo evitar lanzarle una mirada intrigante, como si acabara de descubrir un nuevo misterio.
-Señorito Hyuran, hay una ciudad a lo lejos.
La voz de Romina nos alcanzó desde atrás, apenas un susurro entrecortado por el cansancio. La noté jadeante, con las mejillas enrojecidas y el paso más lento que de costumbre. Me giré un poco, asintiendo con calma, mientras tomaba con firmeza las riendas de nuestro wyvern.
-Pero...
Levanté una mano para negarlo suavemente y le dediqué una sonrisa tranquila. Kuby, nuestro leal wyvern de escamas grisáceas, alzó la cabeza y soltó un rugido bajo al notar mi cercanía. Su lengua áspera lamió mi mejilla con afecto, empapándome sin aviso alguno. Solté una risa leve y, tras buscar en mi bolsa de cuero, saqué una cantimplora de agua. Abrí la tapa y la incliné con cuidado hacia su hocico sediento. Bebió con avidez, sin apartar sus ojos amarillos de los míos.
-Descuida, Romina. Has estado con nosotros desde el inicio del viaje. Ahora camina y disfruta del paisaje... lo mereces.
Ella vaciló por un momento, como si buscara una respuesta más formal, pero al final bajó la mirada con una leve sonrisa.
-Entendido.
Se adelantó con pasos lentos, explorando con la mirada los árboles retorcidos del camino, las flores silvestres y las aves que surcaban el cielo despejado. Mientras tanto, Donna y Trynita iban más adelante, inmersas en una conversación animada que parecía formar un mundo aparte del nuestro. Por momentos, escuchaba risas suaves y gestos exagerados de Donna mientras Trynita giraba los ojos, claramente irritada pero demasiado orgullosa para dejar de escucharla.
Continuamos avanzando hasta que el bosque comenzó a abrirse, revelando ante nosotros un paisaje que me hizo detener el paso. Desde el borde de un acantilado cubierto de hierba, se podía observar la ciudad fronteriza de Meira. Era pequeña comparada con la gran capital de Draconis, pero poseía un encanto peculiar. En su centro se alzaba una enorme iglesia blanca que dominaba todo el lugar con una arquitectura elegante y espirales que parecían tocar el cielo. A sus pies, las calles se entrelazaban como hilos de un bordado antiguo, y un amplio río serpenteaba detrás de la ciudad, reflejando el sol del mediodía como si fuera un espejo de cristal roto.
-Bueno... parece que aquí será donde nos separemos por ahora.
La voz de Donna nos sacó del momento. Se había detenido unos metros más adelante y nos observaba con una expresión suave, pero firme. Su sonrisa era cálida, aunque sus ojos parecían ocultar algo más. Dio un paso hacia atrás y se inclinó con elegancia. Al hacerlo, su largo cabello negro cayó como una cascada por su hombro, dejando al descubierto parte de su cuello pálido. Tragué saliva, de forma involuntaria.
ESTÁS LEYENDO
Kegare no Yuusha
FantasiaKamazuki Reiji, un joven que perdió a sus padres a una edad muy temprana, halló en su hermana la única razón para seguir adelante a pesar de una vida llena de sufrimiento. Sin embargo, su vida terminó abruptamente en un trágico accidente de tráfico...
