Encargo (31)

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El sol de la mañana se filtraba por la ventana, colándose entre las cortinas raídas y acariciando mi rostro con calidez. Abrí los ojos lentamente, aún medio dormido. Bostecé y me incorporé, estirándome mientras mis músculos despertaban con pereza.

Al asomarme por la ventana, la ciudad de Meira me dio los buenos días con su habitual bullicio lejano y ese aire limpio que solo las mañanas tranquilas saben ofrecer. Me sentía extrañamente ligero... como si el mundo, por un momento, se hubiera detenido solo para dejarme respirar.

—Realmente la besé... —murmuré, llevando una mano a mis labios y luego al pecho, donde el corazón aún latía con fuerza—. Maldición... apenas y pude dormir anoche...

El recuerdo de anoche con Trynita se repetía una y otra vez en mi cabeza. Su rostro sonrojado, el temblor de su mano al entrelazarse con la mía... y sus labios, tan cálidos como dulces. Mi primer beso. Nuestro primer beso.

Me dirigí hacia el baño, que no era más que un rincón improvisado con una cubeta de agua clara y un agujero que conectaba con el río más abajo.

—¿Ese agujero tiene algún propósito especial o solo... descarga los pecados? —solté una pequeña risa, medio en broma mientras me echaba el agua por encima.

Me sequé el cabello con una toalla vieja, me puse una muda limpia de ropa de la mochila y até mi cabello con una simple goma. Me observé en el pequeño espejo colgado en la pared. A pesar de las ojeras por la falta de sueño, una sonrisa tonta se dibujaba en mi rostro.

—Bien... bajemos a desayunar. Actúa normal, actúa normal —me repetí a mí mismo una y otra vez.

Me acerqué a la cama, tomé mi espada, la mochila y abrí la puerta. Justo enfrente, la otra habitación también estaba abierta. Solo estaba Romina, organizando sus cosas con su acostumbrada eficiencia.

—Buenos días, Romina. ¿Has visto a Trynita?

Ella giró hacia mí con su típica expresión seria.

—Salió desde la madrugada, señorito.

¿Desde la madrugada? ¿Adónde habría ido...? Le agradecí con un gesto y bajé al primer piso de la posada. No estaba tan llena como anoche, pero varios aventureros desayunaban en silencio. El aroma a pan recién hecho, sopa caliente y queso derretido me llenó la nariz. Mi estómago gruñó en respuesta.

Claro, vamos a mejorar la escena y corregir el detalle de la ubicación. La idea es hacerla más inmersiva y fluida, añadiendo detalles que permitan que el escenario se sienta más real. Aquí te dejo una versión mejorada:

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Me dije a mí mismo que comería después de encontrar a Trynita. Caminé hasta la salida de la posada, y la brisa fresca y salada de Meira me acarició el rostro como una suave bienvenida. El sol comenzaba a elevarse en el horizonte, dorando las aguas del río que serpenteaban en la distancia. Las montañas con picos helados se alzaban majestuosamente, recortándose contra el cielo claro. Era un paisaje que, por un instante, me hizo olvidar lo que había pasado la noche anterior.

Pero un sonido metálico interrumpió mi momento de calma.

Un golpe. Metal contra metal.

El eco de las espadas chocando resonaba desde el campo cercano a la posada. Mis pasos se apresuraron hacia el origen de ese sonido, guiado por una fuerza inexplicable en mi pecho. El campo de entrenamiento, un espacio despejado con la hierba bien cuidada y rodeado de árboles que apenas se balanceaban por la brisa, estaba donde Trynita acostumbraba a entrenar a la hora temprana.

Y allí estaba ella, jadeando, con el sudor empapando su frente y su cabello azul como el mar, que brillaba bajo la luz del sol. Cada movimiento de sus espadas era fluido, casi hipnótico, como si estuviera en perfecta armonía con el aire que la rodeaba.

Kegare no YuushaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora