(27) Nuestro viaje

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Diario de Trynita Frizz

Hace mucho tiempo que no escribo en este viejo diario. Supongo que, en parte, fue porque la vida se volvió demasiado agitada... o porque no quería enfrentarme a todo lo que estaba sintiendo. Pero hoy, por fin, sentí que era el momento. Después de todo, han pasado tantas cosas... y, sorprendentemente, la mayoría han sido buenas. O al menos, lo suficientemente intensas como para que no las quiera olvidar.

Para empezar por lo evidente... Draconis, el reino humano, fue brutalmente atacado. Aún no logro comprender del todo cómo sucedió, ni por qué... pero lo cierto es que Hyuran y yo estábamos allí. Estudiábamos en la academia cuando todo se vino abajo. Las explosiones, los gritos, el humo... Pensé que ese sería nuestro final. Pero no. Logramos escapar. A duras penas, sí, pero lo hicimos.

Y todo gracias a ella... la señorita Clarise. Madre de Hyuran.

Y mi... f-futura suegra... ¡¡Tsk!! ¿Por qué escribí eso? ¡Ni siquiera es oficial ni nada! Solo... es una posibilidad, ¿vale? Él puede llegar a gustarme un poco. Un poco.

Suspira.

Me enteré poco después de nuestra huida que el llamado Culto Dragón está detrás de todo esto. Al parecer, su objetivo es desatar uno de los sellos prohibidos... No tengo idea de qué demonios podría estar contenido ahí, pero dudo mucho que sea algo bueno. Nada que involucre sellos antiguos y cultos fanáticos lo es.

Y en medio de todo eso... Hyuran resultó gravemente herido. Fue después de enfrentarse a uno de los suyos... a un sujeto llamado Li Huon. Jamás olvidaré ese nombre.

Era monstruosamente fuerte. Su sola presencia parecía alterar el aire a nuestro alrededor. Y su habilidad... manipulaba la gravedad como si fuera un simple juego para él. Podía aplastar el suelo, detener nuestros movimientos, arrastrarnos con solo levantar una mano. Era como si el mundo entero obedeciera su voluntad.

Hyuran luchó con todo lo que tenía, pero incluso él, con toda su terquedad y poder, no salió ileso. Aún tengo la imagen grabada en mi mente: su cuerpo cubierto de sangre, el suelo resquebrajado bajo sus pies... y aun así, de pie. Resistiéndolo. Protegiéndonos.

Debería anotarlo bien, con claridad, por si algún día me cruzo con ese tal Li Huon otra vez. Dudo que esta haya sido la última vez que lo veamos... y la próxima, no pienso quedarme atrás.

—Señorita Trynita, el desayuno está servido... ¿Desea que se lo lleve a su habitación?

La voz vino acompañada de un golpecito suave en la puerta, apenas audible. Antes de que pudiera ocultar el diario, la puerta se abrió ligeramente y se asomó un joven con uniforme de sirviente. Tenía un par de orejas caninas que se movían nerviosas, y en lugar de una boca humana, un pequeño hocico redondeado. Permanecía inclinado, como si estuviera atado a una cortesía que lo mantenía eternamente reverente.

Se llama Lucas. Lo asignaron a mi cuidado cuando llegamos a esta mansión. Es educado, sumamente atento... y, aunque me cueste admitirlo, bastante tierno. Pero por favor, ¿podría aprender a llamar antes de irrumpir como si esto fuera su casa?

—¡N-No hace falta! ¡Iré yo misma, así que desaparece! —le respondí, quizá un poco más tajante de lo necesario.

Le cerré la puerta justo en la cara. Escuché un leve resoplido de sorpresa, seguido por pasos cautelosos alejándose por el pasillo. Me invadió un atisbo de culpa. Él solo estaba cumpliendo con su deber, y no tenía mala intención... pero no me quedaba alternativa.

Este diario... este refugio personal, este rincón donde escribo todo lo que no me atrevo a decir en voz alta... no puede ser descubierto por nadie. Ni siquiera por accidente.

Kegare no YuushaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora