Actuacion (26)

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Las noticias sobre la declaración de guerra de Vesperia se propagaron rápidamente, como un incendio en el bosque. En cuestión de días, la capital se vio inundada de elfos de toda clase, incluidos los elfos oscuros, cuya presencia no se había visto en siglos. A pesar del caos creciente, yo continué entrenando. Sabía que, si no me volvía más fuerte, no podría proteger a quienes amo.

Mi padre y Bea habían regresado a casa, mientras que mi madre y yo nos quedamos en el palacio. Aunque mi estancia allí fue breve, podía sentir cómo me había fortalecido, no solo en cuerpo, sino también en conocimiento. La biblioteca real albergaba textos que detallaban la creación de la magia elemental, revelando secretos que desconocía. Pero lo más importante era que, entre sus páginas, encontré pistas sobre algo que había estado buscando desde la primera vez que usé aquella transformación...

—¿Todavía sigue aquí, su alteza? ¿Le gustaría algo de beber?

La voz me sacó de mis pensamientos. Frente a mí, una joven elfa vestida con el impecable uniforme de sirvienta me observaba con cautela. Sus orejas puntiagudas temblaban ligeramente y un rubor coloreaba sus mejillas, delatando cierto nerviosismo.

Se llamaba Romina. Siempre estaba al pendiente de mí, a veces demasiado. Su dedicación era innegable, pero en más de una ocasión llegaba a resultarme sofocante.

—¿Un poco de hidromiel, quizás? —pregunté con una ligera sonrisa, más por diversión que por un verdadero deseo de beberlo. Sin embargo, Romina negó de inmediato con seriedad.

—Su alteza aún es demasiado joven. Puedo traerle leche si gusta, pero hidromiel... me temo que no.

Solté un suspiro, resignado. No esperaba que aceptara, pero al menos había intentado romper un poco la monotonía. Mientras tanto, ella, sin pedir permiso ni anunciarse, se sentó en una de las sillas frente a mí, al otro lado de la larga mesa.

Podía sentir su mirada sobre mí en todo momento, fija e inquebrantable. No importaba cuánto intentara concentrarme, su presencia hacía que cada pensamiento se dispersara como hojas al viento.

Con un esfuerzo casi titánico, tomé el libro que estaba leyendo. En sus páginas se hablaba sobre el núcleo mágico, una fuente de energía que todo ser vivo posee...

En el libro estaba ilustrado el cuerpo humano y en su interior habia una pequeña esfera, Aun me costaba un poco entender los caracteres de este mundo, Empecé a leer en voz alta su contenido, podia sentir la mirada de Romina en mi cuello.

—Se trata sobre el núcleo mágico, ¿verdad? Puedo ayudarlo si gusta... —dijo Romina con seriedad.

¿Qué podía hacer? Realmente necesitaba la ayuda de alguien nativo, así que le acerqué el libro.

—De acuerdo. ¿Puedes decirme qué dice ahí?

Romina asintió y comenzó a leer en voz baja, sus ojos moviéndose rápidamente sobre los complejos caracteres. El texto estaba escrito en dracomiano arcaico, y aunque reconocía algunos símbolos, la mayoría me resultaba incomprensible.

—El núcleo mágico es el centro donde se condensa y regula el maná de un individuo. Existen tres tipos principales de núcleos, cada uno con características y funciones distintas.

A medida que Romina continuaba, me di cuenta de lo mucho que había aprendido. Sus palabras fluían con naturalidad, y sus pronunciaciones eran impecables. El núcleo no solo concentraba maná, sino que también reflejaba el estado emocional y mental de quien lo poseía. Un núcleo equilibrado indicaba un alma en paz, mientras que uno distorsionado o inestable podía reflejar conflictos internos. Era una conexión profunda, no solo física, sino también espiritual.

Kegare no YuushaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora