Blue Lock era caos. Explosivo, egocéntrico, competitivo. Pero entre los gritos, los balones estrellados contra las paredes y las peleas por quién era "el más egoísta", tú tenías una función: ayudar a que todo no explotara literalmente.
Traías agua, ibas por vendas, organizabas horarios. Y aun así, te las arreglabas para mantener una sonrisa entre tanta testosterona desatada.
Pero había una sola persona que parecía moverse en una frecuencia distinta. Chigiri Hyoma.
Él no hablaba mucho contigo, pero tampoco te ignoraba. Siempre te decía "gracias", incluso cuando el resto apenas te registraba como más que parte del staff. Y a veces... cuando pensaba que no lo veías, se quedaba mirándote. Como si tú también fueras una meta.
Esa noche, el entrenamiento había sido brutal. La mayoría ya estaba en sus habitaciones, excepto tú, revisando una caja de botiquín olvidado en el almacén. O eso creías.
—¿Otra vez salvando el mundo? —dijo una voz desde la puerta.
Chigiri. Recargado contra el marco, con su cabello atado en una coleta floja, aún con el uniforme de entrenamiento, pero sin el aura imponente de la cancha. Solo él. Calmado. Observándote.
—Alguien tiene que hacerlo —respondiste, sonriendo mientras cerrabas la caja.
Él se acercó, despacio. Su caminar era tan fluido que a veces te preguntabas si siquiera tocaba el suelo. Se detuvo a tu lado, tan cerca que pudiste sentir el olor fresco de su shampoo mezclado con el sudor del esfuerzo.
—Siempre estás ayudando a todos —dijo, sin mirarte directamente—. Y nadie te lo dice... pero lo notamos.
—¿"Lo notamos"? —repetiste con una sonrisa ladeada—. ¿O tú lo notas?
Chigiri bajó la mirada, una pequeña curva dibujándose en sus labios.
—Yo lo noto.
Tu corazón dio un pequeño brinco. Fingiste buscar algo más en la caja, para no parecer demasiado obvia. Pero él no terminó ahí.
—A veces... cuando corro, es como si todo desapareciera. Como si no hubiera nada más que el viento y el miedo a caer. Pero tú...
Lo miraste, sorprendida. Chigiri alzó la mirada, directo a tus ojos esta vez.
—Tú haces que quiera frenar. Aunque sea un segundo.
El silencio que siguió fue diferente. No incómodo. Casi eléctrico.
—Hyoma... —susurraste.
Él dio un paso más, y sin decir nada, alzó la mano lentamente, rozando tus dedos que aún sostenían una venda. Su tacto fue suave. Casi tímido.
—No tienes que correr detrás de nadie aquí. —Su voz era baja, sincera—. Pero si alguna vez sientes que el mundo te pasa demasiado rápido... solo llámame.
—¿Para qué? —preguntaste con una sonrisa temblorosa.
Chigiri se acercó un poco más. Lo justo. Lo suficiente.
—Para que lo detenga contigo.
Y por primera vez, el asistente y el prodigio no estaban en roles separados. Solo eran dos personas, cruzando un espacio pequeño, y sintiendo cómo el tiempo se volvía más lento... justo antes de que sus labios se rozaran, en un beso corto, cálido, y absolutamente real.
Desde aquella noche en el almacén, algo había cambiado.
No fue dramático. Chigiri no te tomó de la mano frente a todo el equipo, ni empezó a susurrarte cosas dulces por los pasillos. No era su estilo. Pero empezó a quedarse más tiempo contigo después de entrenar. A ofrecerse a ayudarte con cosas pequeñas. A mirarte más de lo normal, sin disimulo.
Y tú... te empezaste a acostumbrar a su presencia. A buscar su figura entre el caos de los entrenamientos. A sonreír cuando él pasaba por tu lado, incluso si solo te decía un "hola" con esa voz baja y suave.
Pero todo se volvió confuso una tarde, cuando uno de los nuevos jugadores te pidió ayuda con un vendaje.
—Oye, ¿puedes ayudarme tú? Creo que me lo hiciste mejor que el otro chico del staff —dijo el chico, guiñándote el ojo.
Chigiri estaba a unos metros, estirando. Pero se detuvo. No se giró de inmediato, pero podías notar que su cuerpo se tensó. Y cuando caminaste con el nuevo hacia la banca, el ambiente cambió.
Lo sentiste.
Terminaste el vendaje rápido, pero cuando volviste, Chigiri ya no estaba en su lugar. Lo encontraste más tarde, en el pasillo que llevaba a la zona de recuperación. Recostado contra la pared, con los brazos cruzados.
—¿Estás bien? —preguntaste, notando que no te miraba directamente.
—Sí.
Silencio.
—¿Estás... molesto?
Chigiri cerró los ojos un segundo, luego te miró por fin. Sus ojos estaban tranquilos, pero había un brillo distinto. Algo contenido.
—No me molesta que te hablen —dijo al fin—. Me molesta no saber si puedo hacerlo yo.
Eso te descolocó.
—¿Cómo que no puedes?
—No quiero ponerte en una posición incómoda —dijo, bajando la mirada—. No sé qué somos. Ni qué quieres que seamos. Pero ese beso... no fue solo un momento para mí.
Tu pecho se apretó. Porque tú tampoco lo habías olvidado. Lo habías repasado mil veces en tu cabeza. Sus labios, la forma en que te habló... lo sentiste tan real.
—Hyoma —murmuraste, acercándote—. Yo tampoco lo tomé como "solo un momento".
Él te miró de nuevo, más directo esta vez.
—Entonces dime qué quieres.
Su voz no era exigente. Era vulnerable. Pura.
Diste un paso más. El pasillo estaba vacío, el mundo se sentía pequeño. Y aun así, tu voz salió segura.
—Quiero quedarme. A tu lado. Aunque corras. Aunque frenes. Aunque no siempre sepa cómo seguir tu ritmo.
Chigiri sonrió. No una sonrisa cualquiera. Una de esas que eran tan escasas en él que casi parecía un milagro.
Se acercó a ti, lento. Como siempre. Pero esta vez te tomó la mano. La sostuvo entre las suyas como si valieras más que cualquier victoria.
—Entonces corre conmigo —susurró—. No tienes que ser rápida. Solo... no me sueltes.
Y no lo hiciste.
ESTÁS LEYENDO
𝐁𝐋𝐔𝐄 𝐋𝐎𝐂𝐊 | 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬
Fanfiction! pedidos cerrados ¡ Diferentes situaciones con los chicos de Blue Lock . . 𝐁𝐥𝐮𝐞 𝐋𝐨𝐜𝐤 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬 Los personajes pertenecen al autor Muneyuki Kaneshiro. Todos los derechos reservados. Prohibido el plagio o adaptación de la historia o s...
