La brisa de la mañana barría el campo de fútbol con la suavidad de una promesa. Ikki Niko, con su típica expresión serena y los auriculares colgando de su cuello, miraba hacia el cielo. Aún no sabía que su vida estaba por cambiar, pero algo más lo mantenía distraído.
Tú.
Tú, con tu sonrisa medio dormida y tus pasos tranquilos, cruzando el patio del instituto. Eras la única razón por la que los lunes eran soportables para él.
—¿Otra vez llegaste antes que todos? —preguntaste, apoyándote en la reja del campo.
—Me gusta entrenar cuando nadie me ve —respondió él, pasándose una mano por el cabello oscuro—. Además, si llego temprano, puedo verte antes de que empiece la clase.
Te sonrojaste. Niko, con su forma directa pero dulce, siempre sabía cómo dejarte sin palabras.
—Eso suena a trampa —respondiste, tratando de ocultar tu sonrisa mientras bajabas la mirada.
Niko dio unos pasos hacia ti, su sombra alargándose por el campo aún cubierto de rocío. El sol apenas comenzaba a pintar de dorado los bordes del cielo.
—Tal vez lo sea —dijo él, encogiéndose de hombros—, pero no me importa si se trata de ti.
Tu corazón dio un brinco. A veces te preguntabas si realmente era tan tranquilo como aparentaba o si simplemente sabía cómo le gustaba hacerte sentir. Con Niko, nunca se trataba de grandes gestos ni palabras elaboradas; era su manera simple y honesta de quererte lo que te hacía sentir segura.
—Vamos, te acompaño a los vestidores —dijiste, girándote para caminar a su lado—. No quiero que llegues empapado a primera hora.
—¿Preocupada por mí? —preguntó él, con una media sonrisa.
—Siempre —respondiste sin pensarlo, y lo miraste de reojo.
Niko se detuvo un momento, tomándote de la muñeca con suavidad para hacerte girar hacia él. Sus ojos, usualmente tranquilos y algo distantes, se clavaron en los tuyos con una intensidad que te dejó sin aliento.
—Gracias —murmuró—. No lo digo mucho, pero... me haces bien. Estar contigo es lo único que no quiero perder.
Ibas a responder, pero en ese momento, el silbato del entrenador sonó desde el otro lado del campo, indicándole a los jugadores que comenzaran a calentar. Niko soltó tu muñeca lentamente, pero no apartó la mirada.
—Tengo que ir. ¿Nos vemos en el almuerzo?
—Claro —asentiste, aún sintiendo el calor en tu pecho.
Lo observaste alejarse con paso relajado, uniéndose a los pocos jugadores que ya estaban corriendo. Y mientras él se sumaba al grupo, tú te quedaste un momento más, viendo cómo la luz del sol se filtraba a través de la red de la portería y cómo su silueta se recortaba contra ella, sin saber que esos pequeños momentos serían los que más atesorarías cuando todo cambiara.
Porque muy pronto, una carta con un sello desconocido llegaría a sus manos.
La semana transcurrió como siempre: clases tediosas, partidos entre clubes escolares, conversaciones furtivas por mensajes a medianoche y miradas compartidas en los pasillos. Niko seguía siendo él mismo: callado pero atento, y tú, cada vez más consciente de que lo que sentías por él no era algo que se olvidaría fácilmente.
Pero entonces, un viernes por la tarde, todo cambió.
El entrenamiento había terminado. Niko se quedó un rato más en el campo, como de costumbre, practicando tiros al arco en soledad. Tú lo esperabas sentada en las gradas, revisando tu cuaderno de apuntes, fingiendo estudiar. No hablaban todo el tiempo, pero el silencio compartido entre ustedes nunca era incómodo.
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𝐁𝐋𝐔𝐄 𝐋𝐎𝐂𝐊 | 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬
Fiksi Penggemar! pedidos cerrados ¡ Diferentes situaciones con los chicos de Blue Lock . . 𝐁𝐥𝐮𝐞 𝐋𝐨𝐜𝐤 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬 Los personajes pertenecen al autor Muneyuki Kaneshiro. Todos los derechos reservados. Prohibido el plagio o adaptación de la historia o s...
