ALEXIS NESS

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El sol se colaba entre las hojas de los árboles que bordeaban el campus. Era una tarde tranquila en la universidad, y tú acababas de salir de tu última clase. El calor del verano no era nada comparado con la calidez que te recorrió el cuerpo al ver ese mensaje:

"Ya llegué. Estoy fuera de tu residencia :) - Alexis"

Tus ojos se abrieron como platos. No lo esperabas tan pronto. La temporada de la Eurocopa acababa de terminar, y aunque Bastard München se había coronado campeón, pensabas que aún estaría en Alemania celebrando con el equipo.

Saliste corriendo, casi tropezando con tu mochila. Y ahí estaba él. Alexis Ness, de pie frente a ti, con su cabello lavanda brillando al sol, una sonrisa tímida pero radiante y flores en la mano.

— ¡Sorpresa! —dijo con voz suave mientras te tendía las flores.

— ¡Ness! No puedo creer que estés aquí. —dijiste, lanzándote a sus brazos.

Él te sostuvo con fuerza, con ese toque delicado que siempre tenía, como si fueras lo más frágil y precioso del mundo. Estabas feliz, más de lo que podías poner en palabras.

Fueron a tu habitación para estar tranquilos. Te sentaste en tu cama mientras él se desparramaba en la silla frente a ti, completamente emocionado.

— ¡No tienes idea de lo que fue la final! Kaiser fue impresionante, anotó un hat-trick y yo le di dos asistencias. ¡Fue como verlo volar! Estaba en su modo 'emperador', como él dice... Y cuando nos dieron la copa, ¡me abrazó primero a mí! Me dijo que lo hice bien. Yo... me puse nervioso, obvio. Pero, wow, qué noche...

Lo mirabas, sonriendo al principio. Te encantaba ver lo feliz que estaba, lo mucho que disfrutaba jugar, y lo orgulloso que se sentía de su equipo.

Pero a los diez minutos...

— ...y luego, cuando Kaiser se quitó la camiseta —todo empapado de sudor— y gritó que era el rey del mundo, pensé: 'Dios, este hombre no conoce la humildad'. Pero es lo que le hace grande, ¿sabes? Tiene algo magnético... incluso cuando lo odias, lo admiras. Es Kaiser.  —Ness seguía hablando, sin notar el cambio en tu expresión.

— Ajá... —respondiste sin mirarlo, bajando la vista a tus manos.

— Y ya te conté de su tatuaje nuevo, ¿no? Es una corona. Muy dramático. Aunque le queda bien. Me gustaría tener esa confianza algún día. Él dice que si no crees que eres el mejor, nunca lo serás...

Fue la gota que colmó el vaso.

— Alexis.

Él paró en seco, notando por fin el tono en tu voz.

— ¿Sí?

— ¿Vas a pasar todo el tiempo hablando de Kaiser... o pensabas en pasar tiempo conmigo?

El silencio cayó de golpe. Ness parpadeó, confundido.

— ¿Qué...? ¿Estás molesta?

— No sé, ¿debería estar? Vengo esperándote semanas. Y ahora que estás aquí, me siento como si fueras tú y... tu novio imaginario, Michael Kaiser. ¿Desde cuándo es él tu prioridad número uno?

Te arrepentiste un poco al instante, pero las palabras ya habían salido.

Ness se quedó helado un momento, luego bajó la vista. Se levantó despacio, caminó hacia ti y se sentó a tu lado.

— Lo siento... Me emocioné. Kaiser fue una gran parte de esta temporada. Pero tienes razón. No vine aquí por él.

Te miró con esa dulzura suya, la que derribaba cualquier barrera emocional que intentaras construir.

— Vine porque te extrañé. —dijo, tomando tu mano entre las suyas— Vine porque cada vez que ganábamos, pensaba en cómo sería contártelo en persona. Y no fue justo de mi parte hablar tanto de él cuando lo único que quiero es estar contigo.

— Entonces demuéstralo.

— ¿Cómo?

— Háblame de ti. De cómo te sentiste cuando levantaste la copa. De lo que pensaste cuando anotaste esas asistencias. De ti, no de él.

Él sonrió, esta vez más suave. Sus mejillas se pusieron un poco rojas.

— Bueno... Pensé en ti. Cuando levanté la copa. Pensé en cómo me mirarías, si me verías como alguien digno de estar a tu lado. Y cuando anoté las asistencias... sentí que por fin estaba brillando, no solo como jugador, sino como persona. Que podía decir que estoy creciendo. Y quería que fueras la primera en saberlo.

Te abrazó, y esta vez fue diferente. Más cálido. Más presente.

— Gracias por recordarme lo que importa. —susurró.

Le diste un pequeño beso en la mejilla.

— Te amo, Alexis. Pero si vuelves a mencionar a Kaiser cinco veces más, juro que cierro la puerta y no te dejo entrar en un mes.

Él se rió nervioso.

— Prometo autocontrol... pero no te prometo no poner celoso a Kaiser contándole que pasé una noche perfecta con la chica más linda del mundo.

— Ahora sí estás hablando mi idioma.

Y esa noche fue de ustedes. Sin campeonatos, sin Kaiser, sin presión. Solo tú y Alexis, compartiendo un mundo donde el único gol importante era mirarse a los ojos y saber que estaban exactamente donde debían estar.

𝐁𝐋𝐔𝐄 𝐋𝐎𝐂𝐊 | 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora