MICHAEL KAISER

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El sonido seco del balón estrellándose contra la red retumbó por todo el campo de entrenamiento. Otro gol. Otro destello de arrogancia disfrazado de talento. Michael Kaiser se giró hacia los bancos, donde los entrenadores conversaban con la misma intensidad que sus jugadores entrenaban.

Y allí estaba ella.

TN, la manager del Bastard München, anotando datos en su tablet, los labios apretados, las cejas levemente fruncidas en concentración. No miraba a Kaiser. Nunca lo hacía, o al menos no lo suficiente para que él lo notara.

Eso lo frustraba. Lo desconcertaba. Lo atraía.

Había algo cruelmente tentador en una chica que podía trabajar rodeada de egos como el suyo y seguir manteniéndose tan... indiferente.

Kaiser se pasó la mano por el cabello rubio, perfectamente peinado incluso en medio del sudor, y sonrió con arrogancia.

—Oye, TN —llamó al terminar su jugada, caminando hacia ella con esa cadencia segura que tanto exasperaba a sus compañeros y tanto derretía a sus fans.

Ella levantó la vista, con una expresión tan fría que podría haber congelado un estadio entero.

—¿Algún problema con el entrenamiento?

—Sí —respondió él, con una sonrisa ladeada—. Me distraes.

TN suspiró. Había oído esa línea antes. Muchas veces. De él y de otros. Pero Kaiser era particularmente persistente.

—Entonces concéntrate. Tu promedio de aciertos en tiros de larga distancia bajó un 3.2% respecto a la semana pasada.

Y se fue.

Así era TN. Profesional, implacable, una muralla inexpugnable. Cada intento de Kaiser de coquetear con ella era desviado con la precisión quirúrgica de quien ya estaba acostumbrada a lidiar con hombres como él.

Pero lo que Kaiser no sabía era que cada vez que se alejaba, TN mordía por dentro la lengua para no sonreír. Porque sí, también ella lo sentía. Lo deseaba. Lo admiraba.

Solo que no pensaba ceder tan fácil.

—Estás obsesionado —comentó Ness, su compañero de equipo, mientras ambos salían del vestuario.

Kaiser se encogió de hombros, bebiendo agua de su botella con un gesto despreocupado.

—¿Y?

—Llevas meses tras ella y no te da ni un respiro. Digo, ¿no te cansas de ser rechazado?

Kaiser lanzó una carcajada.

—El fútbol tampoco es fácil, Ness. Y mírame. Siempre marco.

Ness puso los ojos en blanco. Pero TN no era un gol cualquiera. TN era como una defensa alemana del siglo pasado. Dura, resistente, estratégica.

Esa noche, durante una reunión interna del equipo, Kaiser encontró su oportunidad.

La gerencia pidió informes detallados de rendimiento y, para su desgracia (o fortuna), TN debía quedarse hasta tarde revisando datos con varios jugadores. Adivina quién se ofreció primero para discutir el suyo.

—¿Estás segura de que no quieres cenar algo mientras trabajamos? —preguntó él, recargado en la puerta de la sala de análisis, donde ella tecleaba sin descanso.

—Segura.

—Podría traerte algo. Conozco un sitio italiano cerca...

—Kaiser —lo interrumpió sin levantar la vista—. Tu rendimiento es excelente, pero tu disciplina es deficiente. Esa es la realidad. Y no, no necesito espagueti para corregirlo.

𝐁𝐋𝐔𝐄 𝐋𝐎𝐂𝐊 | 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora