En el instituto, cada pasillo parecía tener un ritmo propio. Había zonas llenas de risas, ecos de pasos apresurados y conversaciones interminables sobre exámenes, moda o planes de fin de semana. Y también estaban las esquinas silenciosas, donde las sombras eran refugio para los que preferían pasar desapercibidos.
Bachira Meguru pertenecía a ese último rincón. Desde que entró en la secundaria, había cargado con la etiqueta de extraño. Su cabello despeinado, sus ojos dorados demasiado brillantes, la forma en que murmuraba cosas sobre "monstruos" en el fútbol y su costumbre de sonreír en los momentos menos apropiados, lo convirtieron en un blanco fácil para las burlas. Los profesores lo consideraban distraído, los compañeros lo evitaban, y los rumores crecían como mala hierba: que estaba loco, que vivía en su propio mundo, que era peligroso.
Nada de eso era cierto. Bachira solo buscaba un lugar donde encajar.
En contraste, estaba TN. Ella representaba todo lo opuesto: una de las chicas más populares del instituto. No solo por su apariencia—su sonrisa iluminaba los pasillos y parecía tener siempre la palabra adecuada para cada persona—sino porque sabía escuchar, sabía animar y tenía un carisma natural que atraía como un imán. Sus amigas la seguían a todas partes, los chicos buscaban su atención, y los profesores la veían como una alumna ejemplar.
A ojos de cualquiera, Bachira y TN vivían en universos paralelos, sin posibilidad de colisión.
Pero el destino, caprichoso como siempre, tenía otros planes.
Un martes cualquiera, mientras la lluvia golpeaba los ventanales del gimnasio, los alumnos de segundo año recibieron la orden de quedarse adentro hasta que amainara. El bullicio era insoportable: chicos jugando a las cartas, otros riéndose a carcajadas, y un grupo practicando coreografías de baile.
Bachira, en cambio, se había refugiado en una esquina, sentado con las rodillas contra el pecho, dibujando en un cuaderno que llevaba siempre consigo. No eran garabatos cualquiera; eran figuras de jugadores de fútbol, con líneas que parecían moverse, como si el balón pudiera saltar del papel en cualquier momento.
TN, aburrida de la monotonía de sus amigas hablando sobre la próxima fiesta, decidió caminar un poco. Fue entonces cuando lo vio.
—¿Qué dibujas? —preguntó, inclinándose un poco para ver.
Bachira levantó la vista. Sus ojos dorados brillaron como si hubieran sido sorprendidos en plena oscuridad. Normalmente, cuando alguien se acercaba, él se cerraba en banda. Pero esa vez, no.
—Fútbol... y monstruos —respondió con una sonrisa ladeada.
TN arqueó una ceja.
—¿Monstruos?
Él asintió, entusiasmado de repente.
—Sí. Es como... un amigo que me guía en el campo. Cuando juego, escucho su voz. Me dice qué hacer, cómo moverme. Es el monstruo del fútbol.
Cualquier otra persona habría soltado una carcajada o se habría alejado murmurando que estaba loco. Pero TN no. Ella frunció el ceño, intrigada.
—Eso suena... diferente. ¿Puedo ver?
Bachira dudó, pero al final le mostró el cuaderno. Ella pasó las páginas lentamente, observando los trazos enérgicos, los gestos exagerados de los jugadores dibujados, la pasión reflejada en cada línea.
—Son geniales —dijo al final, con una sonrisa sincera.
Por un instante, el mundo de Bachira se detuvo. Estaba acostumbrado a miradas de burla, a palabras hirientes disfrazadas de interés. Pero esa chica popular, la que parecía inalcanzable, había visto algo en su arte y lo había valorado.
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𝐁𝐋𝐔𝐄 𝐋𝐎𝐂𝐊 | 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬
Fanfiction! pedidos cerrados ¡ Diferentes situaciones con los chicos de Blue Lock . . 𝐁𝐥𝐮𝐞 𝐋𝐨𝐜𝐤 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬 Los personajes pertenecen al autor Muneyuki Kaneshiro. Todos los derechos reservados. Prohibido el plagio o adaptación de la historia o s...
