TABITO KARASU

1.5K 62 1
                                        


La noche en Tokio estaba teñida de un brillo húmedo, ese que dejan las lluvias de verano cuando las calles todavía respiran vapor. Los neones dibujaban reflejos en el asfalto, y el bullicio de bares, música y risas se filtraba por cada esquina.

Habías llegado a Japón hacía apenas una semana. Tu agenda estaba cargada de ensayos, reuniones y entrevistas, pero esa noche... decidiste escaparte. Necesitabas aire. No sabías si era por el cansancio o por esa sensación extraña de estar en un lugar tan distinto, pero tus pies terminaron llevándote a un bar pequeño, medio escondido, donde la música no era ensordecedora y las luces eran cálidas.

Al entrar, lo primero que notaste fue el olor: whisky, madera y un leve toque de humo. Lo segundo... fue él.

Estaba sentado al fondo, recostado en la barra con un vaso en la mano, observando el lugar como si nada pudiera sorprenderlo. El cabello oscuro le caía algo desordenado sobre los ojos, y la sonrisa ladeada en sus labios parecía permanente, como si llevara un secreto que nadie más sabía. Iba vestido de manera sencilla: camisa negra arremangada, pantalón oscuro, y sin embargo irradiaba una presencia difícil de ignorar.

Tus miradas se cruzaron apenas unos segundos. Lo suficiente para que él sonriera un poco más, con esa expresión que no sabías si era un reto o una invitación.

—No pareces de por aquí —dijo cuando te acercaste a la barra, su voz grave y relajada, con un acento japonés marcado pero claro.
—Tampoco tú pareces del tipo que pasa las noches solo —respondiste, sin apartar la mirada.

Se rió bajo, con un gesto que parecía medir cada palabra que ibas a decir.
—Quizá no lo soy... hasta que aparece alguien interesante.

Te presentó su nombre: Karasu Tabito. No dijo nada de fútbol, ni de su carrera, ni de su fama. Y tú tampoco preguntaste. Esa noche, no eran más que dos extraños en un bar, compartiendo tragos y conversaciones que se movían entre bromas, anécdotas y silencios cargados.

El tiempo pasó rápido. Cuando salieron del lugar, la ciudad parecía más tranquila. Caminaste a su lado sin rumbo fijo, escuchando cómo el viento arrastraba el olor de la lluvia y cómo sus pasos se acompasaban con los tuyos.

—No sueles confiar así en gente que acabas de conocer, ¿verdad? —te preguntó, mirándote de reojo.
—No —dijiste—. Pero contigo es diferente.

La sonrisa de Karasu se volvió más lenta, más intensa. Como si entendiera exactamente lo que querías decir, y al mismo tiempo, supiera que estabas entrando en terreno peligroso.

El resto de la noche fue un torbellino. No de alcohol, sino de esa conexión extraña que se forma cuando alguien parece leerte mejor que tú misma. Entre risas, confidencias y miradas largas, acabaron en su apartamento. No fue un momento impulsivo, sino inevitable.

No hablasteis mucho después. Él te observaba con esa expresión entre curiosidad y satisfacción, y tú intentabas comprender por qué sentías que lo conocías desde antes. Antes de que amaneciera, te marchaste, dejando atrás una nota con un simple: "Gracias por la noche".

No intercambiaron números.

O al menos, eso creíste.

El estadio rugía incluso antes de que el partido comenzara. Era la final de la Copa Asiática, y Karasu Tabito, ahora delantero estrella de la selección japonesa, sentía la tensión recorrerle los músculos como electricidad. El olor del césped recién regado, los flashes de las cámaras, el murmullo creciente de la multitud... todo era parte del ritual previo a la batalla.

Pero esa noche, algo iba a romper el guion.

Mientras hacía estiramientos en la banda, los altavoces anunciaron a la artista internacional invitada para cantar el himno previo al encuentro. Un nombre extranjero, pronunciado con acento japonés, que hizo que Karasu levantara la cabeza por mera curiosidad.

𝐁𝐋𝐔𝐄 𝐋𝐎𝐂𝐊 | 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora