Veintidós

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Se alegraba de haber encontrado a Hanako, pero en estos momentos detestaba tenerla a su lado, debía de ser muy cuidadoso y mantener un ojo abierto en el área cerca de su hermana, en caso de que un ataque se le acercara peligrosamente, ocultó a la menor en un pequeño espacio, lo suficiente como para que cupiera a la perfección. Desenvainó su espada y se preparó para el enorme demonio que se acercaba con pasos pesados a la habitación, el sonido de los tambores resonaban en conjunto con sus pasos, la respiración de Tanjiro temblaba entrecortadamente.

— Estás acabado — dijo el demonio de los tambores cuando llegó al umbral de la habitación.

Mirando una última vez de reojo a su hermana, se lanzó sobre la criatura, obligando a su respiración ayudar a su cuerpo, estaba a escasos centímetros cerca de esa criatura cuando todo dio vueltas. En un abrir y cerrar de ojos, se había estrellado contra el techo de la habitación, el demonio seguía en su lugar, en el umbral de la puerta, dado vuelta de cabeza, pero sin que su cabello — o lo que parecía ser cabello — cayera producto a la gravedad.

— ¡Hanako! — le gritó a su hermana, quien había caído junto a él a unos escasos metros — Sujétate a un mueble y mantente lejos de la línea de ataque. 

De pronto una de las puertas laterales se abrió de golpe, o mejor dicho: salió disparada por culpa de un sujeto con una extraña máscara de jabalí, este carcajeó brutalmente antes de murmurar un ataque y lanzarse en dirección al demonio, la criatura volvió a golpear uno de sus tambores incrustados en su cuerpo y la sala nuevamente dio vueltas, la persona con máscara de jabalí actuó rápidamente, aterrizó contra uno de los pilares y se impulsó con sus piernas en dirección a Tanjiro, quien fue usado también como impulsor, gracias a que estaba en línea recta con el demonio.

— ¡Ten cuidado! — le gritó el peliburdeo al ver tal ataque tan violento y sin estrategia.

— ¡Tsk! Que molesto, hay demasiados insectos que revolotean por mi casa... — habló el demonio con una voz gélida. 

Su mano golpeo nuevamente uno de los tambores, la habitación tembló ligeramente antes de girar, los tres cayeron a lo que era el suelo, el desconocido apoyó un pie sobre Hanako, esta se quedó muy quieta, aterrorizada tanto por el desconocido como por sujeto extraño que apareció de pronto, Tanjiro quiso reclamarle al sujeto, odiaba ver a su hermana siendo pisoteada por un completo desconocido. Sin embargo, el mayor peligro actualmente era aquella criatura que tocaba los tambores, debía de encargarse de eso primero y luego podría regañar al sujeto por ser tan desconsiderado, aún así eso no impidió que sujetara el tobillo contrario y lo lanzara a unos metros lejos de su hermana. 

— ¡Concéntrate! ¡Nuestro trabajo es cuidar de las víctimas de demonios, no lastimarlas más de lo que ya están! — exclamó duramente mientras ocultaba a su hermana tras de él y manteniendo el contacto visual con la criatura.

— ¡Increíble! ¡Nunca nadie me había lanzado! ¡Pelea conmigo! — el hombre de cabeza de jabalí se abalanzó sobre él con sus dos espadas de serrucho, Tanjiro abrazó a su hermana y retrocedió rápidamente, esquivando el ataque.

— ¿Qué te pasa? No soy tu enemigo, se supone que debemos de acabar con este demonio — le gritó.

— ¡Puede esperar!

Justo cuando el sujeto se lanzó nuevamente a él una ráfaga desgarró el tatami de la habitación, tres ranuras dejaban ver la madera astillada, Tanjiro abrió sus ojos con sorpresa, de reojo observó al demonio, una mano se mantenía en el tambor ubicado en su estomago, inmediatamente se preguntó si algún otro tambor podía tener una habilidad diferente a las que había visto. La habitación dio vueltas dos veces, Tanjiro logró captar el patrón, hombro derecho era un giro a la derecha, hombro izquierdo era igual a un giro a la izquierda, el centro era la ráfagas de garras dispuestas a desgarrar su carne, aún le faltaban los tambores que tenía atados a la cadera, pero había logrado comprender la técnica del demonio. De pronto el cuarto de desdibujo, el extraño chico con máscara de jabalí y el demonio no se encontraban ahí, solo se encontraban Hanako y Tanjiro, las paredes tenían miles de agujeros, con sangre salpicando las pantallas de tela, el peliburdeo rápidamente se puso a pensar, aquella bestia no había sido la responsable del cambio de habitación, gracias a su olfato, logró distinguir a más criaturas que se alojaban en esa pequeña casa.

Una historia diferenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora