El azabache observó al chico que tenía encima suyo, sintió la necesidad de matarlos, las voces en su cabeza incitaban a morderlos, arrancar la piel de sus delicados cuellos y beber su elixir carmín con deleite. Sin embargo, había una parte de él que gritaba por no hacerlo, provocando un gran dolor en él... No, no podía asesinarlos, son solo unos niños, por un breve instante la imagen de una mujer pelinegra protegiendo a su hermano menor pasó por su mente, su rostro era algo borroso, si viera una fotografía lo recordaría, entendía muy bien porque ella apareció en ese momento, ¿por qué? ¿Por qué apareces siempre en mi cabeza? Se preguntaba cada vez.
En un momento lanzó al chico, no de una manera fuerte, al contrario fue lo más delicado que podía en ese estado, retrocedió hasta que su espalda chocó contra el tronco de un árbol, se balanceo hacía adelante y atrás, gruñendo de manera ronca cada vez que los chicos se le acercaban.
— ¡No se me acerquen! ¡Los puedo matar!
No había mentira en ello, lo podía hacer e intentaba dominar esos impulsos caníbales, no deseaba que esos niños murieran de forma tan cruel, no podía. Arañó con ira sus antebrazos para poder distraerse, odiaba el olfato más agudo que obtuvo, podía oler con claridad el repugnante olor de su sucia sangre.
— Si quisiera matarnos ya lo hubiera hecho — dijo el chico de cabellos rojizos.
La sorpresa lo golpeo fuertemente, era verdad, pero eso no quitaba que era peligroso, que podía traicionarlo en cualquier momento y los dos chicos de mirada amable estarían sobre un charco de sangre.
— ¡No lo puedes saber aún! ¡Puedo atacarte en cualquier momento! ¡Me he convertido en un demonio!
— ¡Sé que no lo harás! — exclamó esta vez la chica de ojos rosa — ¡Pudiste habernos matado cuando estábamos en casa! ¡Ahora mismo! ¡Mas no lo haces!
— Por favor, no cortes tu cabeza...
— ¡Entonces esperaré a que el sol salga!
La tensión y la desesperación era inmensa, podían jurar que podían cortarla con la katana en manos de Nezuko, el demonio observaba a los hermanos inexpresivamente, mas el Kamado mayor sabía por su olfato sus emociones, aquello le traicionaba de sus palabras y quería hacerlo entrar en razón, ¿por qué debía de morir la persona que salvó la vida de su madre y hermanos?
— ¡Si lo haces me suicidaré! — Dijeron ambos hermanos, parecía que se comunicaban telepáticamente y se pusieron de acuerdo en decir aquellas palabras — ¡Tus esfuerzos habrán sido en vano y nosotros moriremos de todas formas!
— ¡No sean necios! — su rostro se deformó levemente en una mueca de enfado — ¡No desperdicien sus vidas solo porque alguien como yo ha caído en esta desgracia! ¡No valgo nada y ustedes pueden ser exitosos! — Tanjiro y Nezuko escucharon las duras palabras del chico en completo silencio
— ¡Onegai, no muera! — el ojirubí agacho su cabeza en modo de petición y eso no hizo nada más que enojar aún más al azabache.
— ¡Nunca hagas eso! ¡Podría estar matándote en estos momentos, por culpa de tu debilidad! ¡No debes de dudar ahora! ¡Soy un demonio, un ser despreciable que debe de morir por actos horribles que ha cometido! ¡Podría estar matando a tu hermana, porque estas haciendo esas cosas! ¡Con la piedad no llegarás a nada!
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Una historia diferente
Hayran KurguLa familia Kamado nunca creyó en la existencia de los demonios, pero eso cambiaría cuando una trágica noche el rey de los demonios entra a su casa e intenta matar a la familia... Sí, intenta. Un hombre de largas hebras azabaches entra en escena y sa...
