Fue una noche tranquila, lo cual lo convertía en una noche preocupante. No habían muchos heridos que atender, la mayoría estaba recuperándose de algunos huesos rotos y el resto de algún resfriado por el crudo invierno... Sí, la finca mariposa nunca había estado tan tranquila. Una mujer bajita trabajaba con esmero en los químicos que tenía al frente suyo, estaba ajustando la dosis de su veneno casero de glicinas, trataba de hacerlo más poderoso que el último, más concentrado para debilitar y matar a los demonios más rápido, su fuerza nunca sería suficiente para decapitar a una de esas bestias nocturnas, pero su ingenio era todo lo que no tenía de altura.
Dejó caer una gota sobre una muestra de sangre de demonio que había recolectado en su misión anterior, las células de Demonio Creador se retorcieron de dolor antes de marchitarse en un color púrpura putrefacto. Satisfecha con el resultado, fabricó más de la dosis de su nuevo veneno, litros y litros de un líquido tan peligroso tanto para demonios como para humanos, listo para ser utilizado contra aquellas cosas que le habían quitado a sus padres.
— ¿Shinobu? — una voz al otro lado del pasillo llamó su atención, la puerta corrediza se abrió suavemente para evitar molestar a los residentes temporales de la finca mariposa — ¿Otra vez trabajando hasta tarde?
— Tengo que terminar con esto, Nee-san — respondió la mujer de ojos morados, iguales a las flores venenosas con las que trabajaba — No me gustaría quedarme sin veneno en mi espada para alguna misión — su hermana mayor, Kanae, suspiró con resignación, sabía perfectamente que su hermana pequeña era muy testaruda.
— Déjame ayudarte — el haori con un patrón muy similar a las alas de una mariposa revoloteó por la habitación, provocando que entrara una ligera brisa invernal al cuarto, la más baja se estremeció ante el aire frío — ¿Has podido dormir bien? — preguntó la mayor, manteniendo una suave sonrisa en su rostro, como si ella hubiera dormido más de diez horas la noche anterior y no las dos horas que realmente tuvo.
— Tan bien como se puede con este trabajo — respondió la menor, frunciendo más el ceño ante la inquietud que sentía esa noche — Al menos la paga es buena — la mayor soltó una risa camuflada con un suspiro.
Trabajaron en silencio durante un minuto antes de que la mujer de cabello largo volviera a sacar un tema de conversación, ya fuera por el entrenamiento de las nuevas niñas que se incorporaron a la mansión mariposa, Kanao y Aoi, las cartas de confesión de amor hacía la Pilar de las Flores, el como Shinobu debería sonreír más porque lucía más bonita así, entre otras cosas.
— ¿Qué pasa con los asuntos de los Hashiras últimamente, Nee-san? — preguntó genuinamente curiosa la ojilila, terminando de rellenar la última botella con su veneno de glicinas.
— Lo de siempre, Shinazugawa-san sigue adaptándose a las reglas al momento de hablar con Oyakata-sama, es divertido ver su cara de perrito regañado después de cada junta, obviamente él que más habla en ese regaño es Uzui-san — Kanae no creyó que alguna vez podría cansarse de escuchar la palabra "llamativo" y solo por un regaño — Gyomei-san nos invitó a comer uno de estos días, Rengoku-san nos manda saludos, hoy se fue a una misión — recordó al rubio irse con una sonrisa y una enorme caja llena de comida.
— Eso quiere decir que hay alguien que no fue a la reunión — mencionó Shinobu ante la falta de mención del Pilar del agua.
— Me preocupa... Han pasado semanas desde que se fue a ese pueblo en las montañas y aún no regresa... ¿Y si se lastimó? ¿Y si encontró problemas?
La menor miró a su hermana por un segundo, la mayor siempre era muy preocupada por los demás, trataba de cuidar de todos, menos de ella misma... Eso la enojaba... Entendía la preocupación de su hermana, todos eran camaradas con un mismo objetivo, derrotar a los demonios de una vez por todas, llevan años luchando con diversas personas, algunas mueren en el camino, otras deben de retirarse y otras tienen la suerte de fallecer por causas naturales. Kanae era muy amable, eso la mataría, siempre se desvelaba por los enfermos y heridos, trataba de ayudar a los kakushi con todo lo que podía, sintetizaba venenos nuevos para que su hermanita no muriera en medio del campo de batalla, entrenaba y cuidaba de las pequeñas niñas que se encontraba en medio de sus misiones, solas y abandonadas luego de que los demonios lastimaran a su familia, en el caso de Kanao no fueron esas criaturas nocturnas que la hirieron, sino que fueron su propia sangre... Puede que sonría siempre, pero Shinobu sabe que es una farsa, sabe bien que su hermana se consume cada día poco a poco y que nunca deja que le cuiden, la menor de las hermanas Kocho ha tenido que envenenar sus tés con somníferos potentes cada que puede, así se asegura que su hermana duerma aunque sea un par de horas... Está furiosa, está furiosa con el mundo, furiosa con sus padres por abandonarlas a tan tierna edad, está enojada con Gyomei por no llegar antes para salvar a sus padres, está enojada con su hermana por no cuidarse como corresponde, pero sobre todo... Está enojada consigo misma por ser tan inútil... Lo único que puede hacer es crear venenos, amenazar a los pacientes más testarudos y quedarse al lado de su hermana cuando se desmorone.
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Una historia diferente
FanfictionLa familia Kamado nunca creyó en la existencia de los demonios, pero eso cambiaría cuando una trágica noche el rey de los demonios entra a su casa e intenta matar a la familia... Sí, intenta. Un hombre de largas hebras azabaches entra en escena y sa...
