[40] Trágico hogar

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Cuando puse un pie fuera del auto de Billy sentí que iba a vomitar, los recuerdos y las malas sensaciones se arremolinaron en mí como el verdugo más cruel del planeta, cómo si los fantasmas del pasado quisieran ahogarme sin piedad alguna

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Cuando puse un pie fuera del auto de Billy sentí que iba a vomitar, los recuerdos y las malas sensaciones se arremolinaron en mí como el verdugo más cruel del planeta, cómo si los fantasmas del pasado quisieran ahogarme sin piedad alguna.

—Vamos, no creo que tus padres estén por aquí tan temprano —dijo Billy al ver que me quedaba medio estática al comienzo del caminito que llevaba hasta el lago que rodeaba la casa del demonio.

Lo seguí en un silencio sepulcral, lo único que seguía escuchando a medida que nos acercábamos eran mis propios latidos que amenazaban con sacar a mi corazón del pecho. La última vez que había estado aquí había matado a alguien, y era como si cada paso que daba era un recordatorio de eso.

Con lo ocurrido esos días, la policía de Hawkins había colocado troncos grandes desde la orilla del lago hasta la entrada de la casa; supongo que no es muy cómodo investigar la zona de un secuestro y un asesinato teniendo que ir de  canoa en canoa, o peor aún, nadando. Así que no fue problema llegar hasta la entrada de la casa.

Mi corazón seguía aturdiéndome los oídos cuando intentaba abrir la puerta como me había enseñado Eddie... Dios, que estuviera bien. Cuando entramos el lugar estaba en un silencio casi opresivo, depredador, me recorrió un escalofrío cuando Billy me agarró por el codo y me jaló sutilmente detrás de él en un gesto protector.

—¿Has estado aquí antes? —le susurré al ojiazul, incapaz de quitarme el mal sabor de boca. Su risita me hizo fruncir más el ceño.

—No, bonita, pero no creo que sea un puto laberinto, es solo una casota.

Nos desplazamos en completo silencio por la primera planta, reconocí enseguida la primera habitación donde estuve encerrada y la tensión se apoderó tanto de mí que juré que iba a quebrarme los dientes de lo apretado que los tenía. Había alguien ahí.

El corazón me brincó, pero la emoción fue breve en cuanto noté el cabello corto y la camiseta blanca manchada de suciedad y algo de sangre. Era Andy, no Eddie, y no solo él sino que Dan estaba en la otra esquina del lugar. Ambos chicos estaban dormidos, se notaba por la pesada respiración de ambos, estaban amordazados y claramente golpeados.

—Van dos idiotas, falta el último —Billy soltó un resoplido divertido cuando le golpeé la espalda en señal de advertencia —Que poco sentido del humor tienes últimamente, bonita.

—¿Te crees que es momento para hacer bromas, Hargrove? —gruñí visiblemente estresada, quería encontrar a mi novio y alejarnos todo lo posible de aquella maldita casa.

—¡Vale, vale! Me pongo serio... —me concedió, pero aún así la sonrisa no desapareció por completo de su rostro.

Lo seguí fuera, estaba bien haber encontrado a Andy y Dan, pero realmente me la sudaban, no eran mi prioridad; mi prioridad era el chico con el corazón más maravilloso que había conocido nunca, mi Eddie. Ya si quedaba tiempo vería si ayudarlos, después de todo, ellos no me habían ayudado a mí en su momento.

𝐑𝐨𝐜𝐤𝐞𝐭 𝐐𝐮𝐞𝐞𝐧 𝐥𝐥 ~ 𝘌𝘥𝘥𝘪𝘦 𝘔𝘶𝘯𝘴𝘰𝘯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora